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Podemos, atrévete

POLITEIA

Los grandes partidos, las clásicas formaciones políticas que en muchas partes del mundo organizaron durante prácticamente todo el siglo 20 los consensos sobre los que se edificó la estabilidad y la gobernabilidad del sistema, están viviendo una profunda crisis. No es, en modo alguno, una crisis terminal, pero el papel histórico que desempeñaron como articuladores de intereses colectivos se deteriora de manera acelerada y da cuenta de un déficit considerable de legitimidad.

Por eso, no es extraño que surjan aquí y allá liderazgos emergentes. Expresan, condensan y encarnan, muchos de ellos, el desencanto con la política, con los políticos, con la democracia. Al no traducir en bienes tangibles las expectativas de bienestar y progreso, o al erosionarse viejas conquistas sociales, sobre todo aquellas que corresponden al Estado de Bienestar, es natural el rechazo a un estilo, a un modo de hacer política marcado cada vez más por su distanciamiento con los reclamos y demandas ciudadanas.

Eso es lo que ha pasado en varios de nuestros países. Los viejos partidos son barridos por la ira popular y en su lugar aparecen formas de movimiento social por lo general poco articuladas que, al no ofrecer una opción de estabilidad, desaparecen pronto del escenario, o son controladas por líderes presuntamente carismáticos con sentido de la oportunidad y que aprovechan la ausencia de mayoría de edad política de muchos ciudadanos.

En el viejo continente, por ejemplo, este fin de semana se realizaron elecciones para la renovación del parlamento. Los dos grandes partidos, el Partido Demócrata-Cristiano y el Partido Socialdemócrata, apenas lograron sumar poco más de la mitad del caudal electoral. El resto fue capturado por una miríada de organizaciones, muchas de ellas surgidas al calor de la contienda, y que son ahora los canales para la expresión del descontento colectivo.

Una de esas organizaciones es Podemos. Surgida de lo más profundo de la vida comunitaria, y de las protestas que estallaron hace poco más de dos años como consecuencia de la crisis española, recogió en España 1.2 millones de votos. Asambleas de barrio, núcleos de trabajadores, jóvenes desempleados, parados de larga duración, conforman la base social de apoyo de esta incipiente organización que canaliza el descontento frente a los dos grandes partidos, el popular y el socialista.

Con ese mismo espíritu, de dar espacio y voz a quienes no encuentran en los grandes partidos canales de expresión, que quieren alentar la participación ciudadana y oxigenar la enrarecida vida política, se advierte la emergencia de nuevas organizaciones y liderazgos sociales. Es el caso de Atrévete, en Ahome y que, guardadas las proporciones, se inscribe en ese espíritu de cambio y renovación que quiere romper con formas anquilosadas y arcaicas de hacer y entender la política.

Puede que el proyecto prenda. Puede también quedar en el camino. Pero en una aventura como ésta, alguien tiene que asumir en solitario los costos de la acción colectiva, como explica el profesor Manuel Zafra en su ensayo sobre el concepto de liderazgo. Esa es la tarea que tiene frente a si Hussein Muñoz.

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