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¿Podremos convivir juntos?

DESDE LA CONFRATERNIDAD

La respuesta esperada es "sí". A nuestro lado están nuestros familiares, en las calles están los ciudadanos, en las escuelas los condiscípulos, etc., lo cual indica que la primera respuesta es asertiva. ¡Sí y sólo sí! Sin embargo, un buen análisis de la realidad actual nos hace pensar que en, por los eventos sociales actuales y las tendencias económicas, en un futuro no tan lejano no podemos estar tan seguros de esta respuesta tan sencilla pero tan profunda sea verdad. ¿Y por qué siento esta inseguridad? Porque en el presente se construye el futuro y hay muchos ejercicios que me hacen pensar en un "no" en lugar de en un "sí". ¡No y sólo no! Primero que todo, tenemos que ver la existencia de dos realidades e intentar de alguna manera conciliarlas, ya que tienen como característica ser antagonistas: en primer lugar la separación creciente del universo simbólico y el universo instrumental que se generan constantemente en la economía y las culturas, y en segundo lugar el poder cada vez más difuso o diluido cuyos objetivos no es crear un orden social armónico, sino darle rapidez al cambio, al movimiento, a la circulación de capitales y de vehículos, servicios, a la información. ¡Sin orden, ni congruencia! Esto en sí, es ni más ni menos la crisis por excelencia que vivimos. Léase porque: la información como los capitales y las mercancías atraviesan las fronteras sin restricciones o con algunas mínimas que nadie o casi nadie controla. Sobre todo las de los capitales que se dan en llamar "golondrinos". Van y vienen a donde están los mejores nidos del dinero. De igual manera, el desarrollo social ya no es la serie de etapas a través de las cuales una sociedad sale del subdesarrollo y la modernización ya no sigue de la tradición porque todo se mezcla: el espacio y el tiempo se hacen pequeños. Claramente se puede notar que en varios países del mundo, o en vastos sectores de los mismos, que se conocen como continentes, se debilitan los controles sociales y culturas, establecidos por muchos años, por los estados, las iglesias, las familias o las escuelas, lo que hace que lo normal y lo patológico o enfermizo, lo permitido y lo prohibido, pierdan su nitidez, o se acelere su separación. Cabe pues, la pregunta, para ir conformando la respuesta del título: ¿vivimos en una sociedad mundializada, globalizada, que invade en todas partes la vida privada y pública de una gran cantidad de personas? Repito: la respuesta puede ser de manera ligera y rápida: ¡ya vivimos juntos! La causa es que miles de millones de individuos ven los mismos programas de televisión, beben la misma clase de bebidas, usan la misma marca de ropa y emplean el mismo idioma, que se hace cada vez más universal: el inglés, causa que invita a sentir que habrá el mismo efecto social y económico. Pero no basta con ello para decir que pertenecemos a la misma sociedad y que somos de la misma cultura, y que por lo consiguiente podemos vivir juntos. Evidentemente que no, ya que la globalización vista como el tránsito global-comercial y los demás elementos tipos de este fenómeno al estar presentes en todas partes, lo cual quiere decir que no están en ninguna parte, no se vinculan a ninguna sociedad o cultura en particular. Ni son de aquí ni son de allá. La cultura particular de una sociedad cualquiera ya no gobierna a su sociedad, la cual a su vez, ya no gobierna la actividad técnica y económica. Cultura y economía son un mundo instrumental y un mundo simbólico, que cada día se separan más. Lo vemos claro en la separación de las redes, que distancia las colectividades, provoca que los signos de la modernidad hagan que las familias realicen un lento trabajo de socialización acorde con los valores de calidad que hasta hoy, parece, se están diluyendo y que únicamente están logrando que utilicemos los mismos objetos y brinquemos haciendo los mismos gestos, para utilizar los mismos instrumentos, sin ser capaces de comunicarnos entre nosotros más allá del intercambio de los signos de la modernidad. Lo anterior hace sospechar seriamente que la tan sonada comunicación a través de las redes sociales nos está llevando a vivir aislados, y es probable que, en un no lejano futuro, ya no podamos vivir juntos. Cómo cabría aquí aquel dicho tan popular: "Juntos pero no revueltos".

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