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Poesías a la madre

A DOS DE TRES

"¡Por mi madre, bohemios!"

No, no me refiero a la famosa columna de Carlos Monsiváis, sino a la expresión fiel del poema El brindis del bohemio, tan recordado en las veladas de Año Nuevo como en los homenajes por el Día de la Madre, en los cuales la interpretación de la larguísima composición estaba reservada para los elegidos, para aquellos poseedores de una memoria privilegiada y de un histrionismo relevante.

El brindis del bohemio es composición autoría del poeta y periodista Guillermo Aguirre Fierro, nacido en San Luis Potosí a finales del siglo 18. Aparece en incontables antologías, y a estas alturas de la vida ignoro si aún sigue formando parte de los festivales que con esmero se preparaban en las escuelas primarias y secundarias para honrar a las madres.

A los predigitales nos tocó que por ahí a mediados de marzo, la maestra llegara al salón cargando un libro de Poesías a la madre de la cual elegía una que sería interpretada el día del festival del 10 de mayo. La elección de la pieza no era asunto menor, y dependía en gran medida de la capacidad de memorización del grupo. Si sólo tenía alumnos con memoria de teflón, la mejor manera de salir bien librada era elegir un poema corto y asignar a los participantes una estrofa o verso a memorizar. Al final el numerito quedaba de lo más disparejo porque unos gritaban, otros susurraban, otros decían su parte con harta enjundia y otros tantos la recitaban como letanía.

Pero había otra interpretación, reservada para los poseedores de una memoria fotográfica que les permitiera retener las casi 30 estrofas, y de un histrionismo a prueba del hartazgo del público; esa pieza era El brindis del bohemio, cuyos ensayos se hacían en total sigilo porque su interpretación era una de las más gratas sorpresas que se pudieran dar a la madre, que llegado el día del festival rompía en llanto emocionada y nerviosa al escuchar que su vástago estaría a cargo de la selecta pieza.

Pero los esfuerzos no siempre llegaban a buen puerto. Hubo ocasiones en que la interpretación resultaba tan conmovedora como escuchar la tabla del uno, otras en que el chamaco caía en una sobreactuación de humor involuntario y otras más en que los nervios le ganaban a la memoria y el plebe quedaba inmóvil a mitad del escenario, provocando un absoluto silencio al que seguía el llanto desconsolado, los aplausos piadosos de las homenajeadas y la solidaridad de los compañeros que coreaban tras bambalinas: ¡Se le olvidó!

Ya luego apareció la canción Señora, Señora, de Denisse de Kalafe, convirtiéndose en el ajonjolí de los moles del Día de Madres, y aquello de "a ti que me diste tu vida, tu amor y tu espacio…" desplazó al antológico ¡Por mi madre, bohemios. Sin embargo, este 10 de mayo y todo el resto del año no podrá haber palabras más efectivas que "Te quiero, mamá".

Muchas gracias por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena. Por favor comentarios, sugerencias, mentadas, invitaciones y hasta felicitaciones en [email protected] En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro, qué tal uno de poesías a la madre, y mientras que tenga una semana a toda ma… rgarita.