Opinión

Política y pleonasmos

POLITEIA

Por: César Velázquez

Quienes asumimos el compromiso de pensar en público y lo hacemos a través de la prensa escrita, la radio o la televisión, estamos propensos a cometer errores. No pocas veces apelamos a recursos retóricos absurdos o en desuso, y sólo la fatuidad intelectual puede hacernos pensar o creer que no hay desperdicio de palabras en nuestras expresiones.

Escribimos con faltas de ortografía. Hablamos también con faltas de ortografía. Para fortuna, los que escribimos tenemos que hacer pasar nuestros textos por uno o más cedazos. Los que hablan no tienen ese escudo protector, y están más sometidos al duro escrutinio de sus audiencias. ¡Cuántas veces nos han salvado los correctores de cometer despropósitos gramaticales!

Como nosotros producimos bienes y servicios informativos, estamos obligados a ofrecer productos de calidad. Tenemos que cuidar el lenguaje para contribuir a la ampliación de la cultura cívica y política de la vida comunitaria. No es el caso de los políticos que, se supone, pueden apelar siempre a un ejercicio retórico, en la más rica tradición de Demóstenes, Marco Tulio Cicerón y Quintiliano.

Pero la verdad es que entre los políticos, más que el recurso retórico, encontramos la recurrencia a las frases trilladas, a los lugares comunes. Son cada vez más escasos los políticos que utilizan metáforas, y los que son capaces de zurcir algunas florituras verbales, generalmente carecen de ideas. Un político con ideas, orador fogoso y portador de proyectos para la vida colectiva, es entre nosotros una rara avis.

Vienen ya las campañas electorales. Escucharemos mucho ruido pero no ruido retórico. Habrá, eso sí, muchos despropósitos verbales. Contra esos despropósitos quiero alertar, en el entendido de que todos cometemos errores pero que tenemos la mejor voluntad de corregirlos. Políticos, reporteros, analistas, columnistas, podemos y debemos hacer un aporte a elevar la calidad de la política, evitando desde ahora "errores de libro".

Un error muy común es hablar de "comicios electorales". Lo he escuchado y leído incluso entre personajes del mundo académico con algún prestigio. Los medios también hacemos nuestra la expresión, reproduciendo y amplificando el error, como si pudiese haber otros comicios que no fueran electorales. Comicios viene del latín comitium, y significa elecciones para designar cargos políticos, dice el diccionario de la Real Academia Española.

Creo que este es uno de los errores más extendidos, y me temo que puede llegar a considerarse una expresión correcta. Algo así como lo que ocurrió con la palabra álgido, que significaba frío, pero que de tanto utilizarse con el significado de crítico, en el sentido de caliente, tenso, terminó por imponerse. Ahora, álgido no es frío, es caliente.

También he escuchado a algunos dirigentes políticos referirse a la "Cámara baja de diputados" y la "Cámara alta de senadores". Es otro pleonasmo. Hay Cámara baja y Cámara alta, o lo que es lo mismo, Cámara de Diputados y Cámara de Senadores. Es totalmente innecesario, redundante, repetitivo, referirse a estas instancias como está entrecomillado.

Todo esto dicho con la mejor buena fe. Creo que a todos nos ayudará a evitar la "claridad de confusión" o falta de entendimiento sobre lo que decimos y/o pensamos. Si lo hacemos, creo que vamos a enriquecer la conversación pública.

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