Opinión

Por el bien de la democracia

Por  Miguel Ángel Vicente Rentería

A pesar de las encontradas opiniones, el sistema político mexicano es de los esquemas electorales que garantizan una mayor equidad en la elección de representantes por la vía democrática en todo el mundo.

El sistema es justo y claro al momento de conocer al ganador, el que mayor número de votos tiene le gana al que tiene menos, nos guste o no.

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Ante esta tesitura, resulta indispensable analizar el rol que los partidos políticos juegan como actores principales de estas contiendas, de cómo es que postulan a sus candidatos y capacitan a su militancia, sobre todo a sus filas jóvenes. Si estos sobreviven con presupuesto de la nación resulta obligado pensar, por ejemplo, qué opción política es la que estos representan: ¿conservadora, liberal, de izquierda o de derecha?

Una característica fundamental en los partidos de izquierda, por ejemplo, es que siempre habían crecido siendo oposición política «hasta julio pasado», por ello su filosofía era simple, se centraron en ser el contrapeso del poder fáctico. Los partidos de centro izquierda o derecha, que siempre habían sido gobierno «hasta julio pasado también», siempre nos ofrecían como opción política una directriz conciliadora y de unidad, capaz de controlar el poder.

Sin embargo, con la nueva configuración política en México se creó una necesidad obligada de que los partidos cambien su mecánica en cuanto su formación y su nuevo rol en la vida política del país; que quienes ganaron dejen de buscar revanchismos políticos y aprendan a conciliar, y quienes perdieron aprendan a ser oposición y a aceptar el rol que las boletas electorales les han dado. Por el bien de la democracia.

No pueden los partidos afirmar que capacitando a sus cuadros de la misma manera, con las mismas herramientas y bajo los mismos argumentos de años pasados van a lograr victorias electorales futuras.

Si no lo han entendido, ya se están tardando, pues la perspectiva va por otro lado. No se puede ser un partido político que funcione para el bien de la vida pública conduciendo con improvisaciones y ocurrencias, pues a rastras se llevan la buena política. Hay que tener una idea y perseguir una visión desde la posición.

Lamentablemente no funciona así y es por esta razón que la sociedad resiente una frustración con el escenario político que convive. Pues quien gobierna nunca lo había hecho y, por ende, no sabe cómo; y quienes siempre habían gobernado nunca habían sido oposición y, por ende, tampoco saben cómo, razón por la cual tenemos frente a nuestras pantallas tales espectáculos por parte de unos y otros.

Y es que este fenómeno es de suma importancia para que lo analice quien gobierna y quienes hoy tienen la honrosa responsabilidad de ser oposición, que acepten que la curva de aprendizaje no solo es para uno, sino para ambos. Cada uno desde su rol en la democracia, pues no solo está en riesgo el poder, sino el equilibrio de la política mexicana.

Quien gobierna debería capacitar sus cuadros y enseñarles a conciliar con el de enfrente, a dialogar, a entender que también cediendo se gana y dejar de pensar en los argumentos pasados, para ponerse a conducir el futuro del país. Y a su vez, quienes son oposición, capaciten a su militancia a ser una oposición responsable, no reaccionaria, sino propositiva, ad hoc a lo que los tiempos políticos que viven, pues solo de esta manera podemos aspirar a que la armonía política se traduzca en beneficios para el ciudadano.

Solo así, aceptando este nuevo rol, los nuevos cuadros políticos podrán dar la batalla en los debates públicos, en las redes sociales y estar listos para que, cuando les toque encarar a sus adversarios políticos, lo hagan de una manera correcta y profesional, donde prevalezca la política. De otra forma, están condenados, tantos unos y otros, a una eterna y estéril lucha por la razón.

Tal vez no sea fácil entenderlo para quien ya tiene años en la política, pues los dispositivos del PRI y Morena particularmente son anacrónicos, no me pareciera extraño que así sea y que a través del tiempo se continúen rehusando a buscar un bien común. Pero ¿y los jóvenes? Tal vez esté en ellos entender este error ideológico y hacer algo al respecto, a buscar los espacios y cambiar la perspectiva política de sus partidos, por el bien del futuro político del país y por el bien de la democracia.

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