Opinión

Posando la 'carita'

A DOS DE TRES
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Por: Marisa Pineda

Sonriendo. Serio. Llorando. Con rostro angelical. Con cara de travesura. Así eran las poses con las cuales uno hacía su debut en el mundo del modelaje. Esas eran las poses tradicionales de las fotos de 'caritas', alguna vez infaltables en prácticamente todos los hogares de Culiacán.

Hace ya algunas lunas, las madres de familia tenían la costumbre de que en cuanto un bebé lograba sentarse por sí solo y aprendía a concentrarse en un punto en específico, a la brevedad se procedía a sacar cita con el fotógrafo de su predilección, para que le tomaran la tradicional foto de 'caritas'. El día de la sesión, al chamaco lo guapeaban con sus mejores galas –los varones casi siempre con atuendo de marinerito, las mujeres con vestido colmado de encajes y moños-, lo acicalaban marcándole los rizos o relamiéndole el cabello rebelde y ¡vámonos! Al estudio fotográfico.

Ya una vez ahí, el fotógrafo empleaba su talento para captar la esencia del bebé y aplicaba la virtud de la paciencia para lidiar con la criatura, la madre y demás acompañantes, porque a estos rituales solía sumarse la comadre y alguna tía. No era tarea sencilla hacer entender a las señoras que si todas, a la vez, le hacían musarañas al chamaco para que sonriera lo más seguro es que lo asustarían y soltara el llanto. Lograr que comprendieran que si ellas decían "voltea" y el fotógrafo estaba del otro lado, el plebe jamás miraría hacia la cámara, era tarea más difícil aún.

Una vez concluida la sesión, aprovechando que ya estaban ahí, no faltaba la progenitora que –como decimos los culichis a la acción de desnudar- bichaba a la criatura y la ponía a posar. Lo clásico era poner al crío panza abajo y ¡click! Perpetuar el momento. Sin embargo había madres que pedían desnudos frontales para presumir con otras lo que la naturaleza le había dado a sus hijos varones.

Las fotos de desnudos solían terminar de diferente forma. Cuando el protagonista llegaba a la adolescencia, él mismo se encargaba de descolgarlas y hacerlas desaparecer. Pero no hay crimen perfecto y en el momento menos esperado, que solía ser una reunión numerosa, la madre anunciaba "les voy a enseñar cómo era Fulanito" y sin advertencia alguna ofrecía aquel desnudo frontal, que si bien había sido tomado cuando se era un bebé, tenían el efecto de avergonzarlo cual si hubieran sido captadas minutos antes.

Las fotos de 'caritas' solían exhibirse con orgullo en algún muro de la casa. Al tiempo, se reubicaban para hacerle lugar a las de la primera comunión, a la foto oficial de los 15 años, a las de las graduaciones y así hasta llegar a las de boda. La historia se repetía al llegar los nietos.

Era entonces cuando las 'caritas' del nuevo padre volvían a salir a la luz para referir los parecidos físicos.

De las fotos de 'caritas' me acordé durante la sesión fotográfica a la cual me convidó EL DEBATE, y en la cual me hicieron sentir tan cómoda que me divertí. Gracias a todos quienes lo hicieron posible y muchas gracias a usted por leer estas líneas y con ello hacer que esto valga la pena.

Por favor comentarios, sugerencias, invitaciones y hasta felicitaciones en adosdetres@hotmail.com. En Twitter en @MarisaPineda. Anímese a leer un libro. Si ya se leyó A dos de tres, como quiera se lee un libro. Y mientras, que tenga una semana que le provoque muchas sonrisas.