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Preocupante desigualdad

IDEAS PARA EL CAMBIO

Thomas Piketty es un economista francés que está llamando fuertemente la atención de políticos e intelectuales en todo el mundo. Afirma que la desigualdad social que están generando los diversos modelos económicos instrumentados provoca tiranía, amenaza seriamente a la democracia e impide el crecimiento económico.

La desigualdad se presenta cuando los rendimientos que genera el capital son mayores a la tasa del crecimiento económico. Es decir, cuando los ricos acumulan mayor riqueza de la que puede sostener la propia economía. Ello erosiona los valores de una sociedad democrática. Cuando los ricos se hacen más ricos, la desigualdad crece y se hace inviable el progreso, afirma Piketty.

Esta reflexión, aparentemente tan elemental, está propiciando que los gobiernos instrumenten acciones emergentes para abatir la desigualdad. Lo hacen no a través de medidas asistenciales o de política social, sino mediante la aplicación de nuevas políticas públicas que incentiven la reactivación productiva regional. Es decir, se trata de impulsar el crecimiento económico y asegurar que ello beneficie a la mayor cantidad de personas posible. Esta es la fórmula.

Es importante este tipo de reflexiones. Porque así como otros ya lo están haciendo, en nuestra entidad es urgente la aplicación de políticas públicas que combatan la preocupante desigualdad social existente, y que origina problemas sociales que tanto afectan.

La falta de crecimiento económico regional genera desempleo, bajos salarios, desinversión y rezago social. Por ello los esfuerzos deben encaminarse hacia infraestructura, conectividad regional, seguridad, aprovechamiento de potencialidades regionales y atraer inversión.

De manera urgente se requiere una acción colectiva para estimular el crecimiento económico, generar empleos y mejorar salarios. También para incrementar la inversión en infraestructura básica y fomentar el desarrollo regional. También hay que resolver el desequilibrio fiscal que impide la acción del gobierno.

Las decisiones que hoy se requieren son demasiado importantes como para dejarlas a los partidos políticos. Se trata de reorientar el desarrollo durante los próximos años. Por ello, las decisiones tienen que ser producto de un compromiso entre sociedad y gobierno, y no sólo entre gobierno y partidos políticos.

La entidad necesita retomar el crecimiento y combatir la desigualdad. Pero el gobierno no puede solo, y la clase política tiene un adeudo con la población. Hoy tiene el reto de ampliar la participación social para combatir la desigualdad y dar nuevo rumbo al desarrollo.

La historia tiene una cauda de múltiples estrategias y programas fallidos para promover el desarrollo regional. Todos ellos fueron demasiado costosos, y sólo acumularon inequidades. Ello ya no debe ocurrir. Habrá que escuchar a Thomas Piketty y entender que la desigualdad erosiona la democracia e impide el progreso social y económico.