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Presidencialismo enfermizo y contaminante

SUSTANCIA SIN RETÓRICA

Uno de los grandes defectos de la forma y ejercicio de gobierno en México ha sido su sistema presidencialista. Este se traduce en la concentración del poder público en un solo individuo. De su voluntad unipersonal han dependido históricamente las decisiones en este país, aunque no siempre hayan sido acertadas. Más bien, infinidad de veces han sido equivocadas.

Los ejemplos son tan abundantes que se llenarían muchísimas páginas, y quizá dejásemos sentido a más de alguno si omitimos sus pifias, porque lesionaríamos su alter ego, máxime que algunos han confesado en sus memorias sentirse orgullosos de sus decisiones, aun cuando estas hayan causado profundos agravios al pueblo mexicano. Ejemplo de ello, Gustavo Díaz Ordaz, quien en más de una entrevista dijo sentirse muy orgulloso de su decisión de haber ordenado sacar los tanques de guerra y las bazucas en la matanza del 68 en Tlatelolco.

Las más recientes decisiones equivocadas de un presidente de la república han sido la reforma hacendaria y energética. Ambas han generado gran irritación en amplios sectores sociales, económicos y políticos del país, por no decir en la inmensa mayoría de los mexicanos, aun cuando se nos ofrezca que en adelante viviremos en un paraíso. La realidad contradice el discurso oficial y es demoledora.

Así se nos ha dicho en la retórica oficial en infinidad de ocasiones, y al paso de los días, meses y años los hechos y resultados revelan contundentemente lo contrario. Claro, algunos, los muy pocos, salen beneficiados, y otros se hincan o arrastran en defensa de lo indefendible. Y esto no es nada digno ni honrado.

La pleitesía que se le rinde a un presidente, se hace por conveniencia o comodidad para generar circunstancias que posibiliten la continuidad de carreras políticas o administrativas, no por ingenuidad o ignorancia, aunque esta se presenta a veces mezclada de miedo esquizofrénico.

La mayoría de los colaboradores de un presidente de la república prefieren el confort, que a prevenirlo de sus errores, porque de la sumisión dependen mucho sus carreras políticas.

En la práctica esta sumisión se repite en los gobiernos estatales y municipales de manera proporcional. Claro, en unos más que en otros. Esto se observa también en los llamados gobiernos de coalición. Así que el Sistema Político Mexicano trae tatuado en sus entrañas un presidencialismo sumamente enfermizo y contaminante, muy difícil de extirpar.

La arrogancia y la omnipotencia con que se han conducido la gran mayoría los presidentes mexicanos, revela una de las múltiples características de nuestro presidencialismo. Lo malo es que también se manifiesta en todo el sistema político. Trasciende en la conducta de muchos de nuestros políticos, ya que a menudo se observa esa arrogancia.

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