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Primero el agua

JAQUE MATE

"El ciclo del agua y el ciclo de la vida son uno mismo."

Jacques Yves Cousteau

Hay que reconocerle a Miguel Ángel Mancera una enorme valentía. No es fácil para un político tomar medidas de fondo en el problema fundamental de la mayor ciudad del país, especialmente cuando este problema es enorme, costoso y sin solución en un solo sexenio. El jefe de gobierno, sin embargo, se ha comprometido públicamente con el Plan Agua para el Futuro que puede ser el primer paso para la solución.

Uno pensaría que los gobiernos de izquierda harían de la tarea de garantizar el agua para los más pobres su mayor prioridad. Pero no ha ocurrido así en la ciudad de México. Ha sido más conveniente construir segundo pisos para los automóviles o playas artificiales. Estos programas no ayudan en realidad a los pobres, pero tienen un indudable sentido electoral: los segundos pisos y las playas se ven, las tuberías no. Por eso es tan importante que Mancera se haya comprometido a una política que no es tan electoralmente rentable pero que sí es de izquierda: llevar agua potable y drenaje al 100 por ciento de la población.

Hay que entender las dificultades. Nuestro país no sólo se encuentra en la franja de mayor aridez del mundo sino que la ciudad de México está edificada sobre una seca meseta a 2,400 metros sobre el nivel del mar. La presión hídrica, o sea, el volumen de agua requerido entre la disponibilidad natural media, asciende a 155 por ciento en el Distrito Federal. Es el mayor nivel del país. La urbe simplemente no puede satisfacer por sí sola sus necesidades. Sonora, a pesar estar en un desierto, registra un grado de presión hídrica de 87 por ciento, lo cual quiere decir que sí puede ser autosuficiente en agua.

"Guadalajara en un llano, México en una laguna"… pero en una laguna desecada. Por eso la ciudad sufre inundaciones de manera ocasional, el agua tiene memoria, aunque no tenga agua suficiente para el consumo la mayor parte del tiempo.

Buena parte de la infraestructura hidráulica de la ciudad de México tiene más de medio siglo de antigüedad y está hecha pedazos. El 41 por ciento del agua potable se pierde en fugas. El 18 por ciento de la población no tiene agua entubada todos los días. El drenaje está también profundamente deteriorado. Los hundimientos diferenciales en un subsuelo acuoso o arcilloso destruyen de manera sistemática las tuberías.

El Plan Agua para el Futuro de la Ciudad de México tiene un diagnóstico de fondo y soluciones concretas. Plantea reformas legales para hacer el programa de cumplimiento obligatorio por ley, para que los futuros gobiernos no desvíen los recursos del agua a nuevos segundos pisos. Busca la instalación de medidores y sistemas modernos de control. Propone convertir el Sistema de Aguas del Distrito Federal en una entidad descentralizada para liberarla de presiones políticas. Define obras fundamentales de infraestructura, como la construcción y rehabilitación de plantas potabilizadoras y de bombeo.

No es posible resolver de aquí al 2018 los problemas acumulados en décadas de negligencia. Por eso el plan proyecta soluciones hasta el 2040. En eso el jefe de gobierno está siendo especialmente valiente. Casi ningún gobernante de nuestro país está dispuesto a ver más allá de un horizonte sexenal.

El Plan Agua para el Futuro ya está planteado. Tiene el respaldo del jefe de gobierno. Ahora hay que volverlo realidad: realizar las reformas legales, medir los consumos y los flujos, hacer cobros realistas e invertir fuertemente en infraestructura.

Estas medidas no son tan políticamente rentables como un segundo piso o una playa artificial en Semana Santa, pero al final serán más beneficiosas para la comunidad. Serán además políticas realmente de izquierda: ayudarán a quienes menos tienen a recibir un servicio indispensable.

ALDF

Parte del problema es político. La Asamblea Legislativa controla las tarifas del agua y las modifica para beneficiar a ciertos grupos. Al final las hace difíciles de cumplir, descapitaliza el sistema y deja sin agua a los más pobres.