Opinión

Privatizar el Seguro Social

Por  Francisco Martín Moreno

El Estado ha demostrado hasta la saciedad ser un mal administrador. No sólo el Estado mexicano, justo es decirlo en descargo de éste, sino el Estado en general, sálvese el que pueda -hay desde luego quien puede salvarse- ha confirmado la vieja teoría fundada en que donde hay un burócrata hay un problema... ¿Excepciones? Sí, sí las hay, sólo que la excepción no confirma la regla, sino la refuta, de ahí que no pueda hoy enderezar mi furia privatizadora en términos absolutos aun cuando me acerco a los extremos a una velocidad meteórica. 
El Seguro Social seguirá siendo un barril sin fondo si continúa siendo operado por burócratas sin la debida preparación profesional universitaria y experiencia práctica en la explotación de empresas. 
¿Cómo es posible que miles de derechohabientes cobren una pensión mensual de 600 pesos después de que empleadores y empleados aportaron cantidades multimillonarias de recursos durante 30 años o más para garantizarles una jubilación digna y suficiente? ¿Qué pasó con los planes de pensiones y jubilaciones? ¿Y las reservas?
El Seguro Social hace agua a babor, a estribor, a proa y a popa. ¿Dónde están los culpables de la quiebra? ¿Por qué faltan jeringas, equipos, medicamentos, en tanto los servicios son de pésima calidad, sálvese el que pueda? 
La interminable cadena de directores del Seguro Social que lo han conducido a la ruina han continuado sonrientes sus respectivas carreras políticas, otra vez, sálvese el que pueda… Quien venga atrás que arree… Hoy en día o se pagan las injustificadas pensiones de los empleados de dicho instituto, mucho muy superiores a las que cobraría un trabajador del sector privado, o se compran medicamentos y equipos. ¿No existen hospitales recién construidos que no se pueden inaugurar porque se carece de recursos para equiparlos? Una barbaridadburocrática. RIT, el Teletón, ha construido cada año uno de sus centros de rehabilitación. No variamos el rumbo. El peligro no nos detiene. Ni aquellos que con sus aportaciones hicieron posible la existencia del Seguro Social ni los órganos de representación nacional ni la Auditoria Superior de la Federación (Ja…) han podido meter las manos y la lupa en las finanzas de dicho instituto, la gran esperanza de seguridad social de los mexicanos, uno de los frutos más suculentos de la revolución. 
La presente coyuntura de bancarrota del Seguro Social me invita a pensar en la dorada posibilidad de privatizarlo, entendiendo de antemano que esta medida no podrá prosperar en términos absolutos. 
Espero poder cargarme de razones para convencer. Veamos: Si una empresa contrata seguro de gastos médicos para sus empleados y funcionarios ante hospitales privados de prestigio, ¿no queda mejor cubierto este concepto ante una plantilla de trabajadores que se rehúsa en un elevado porcentaje a asistir al Seguro Social y prefiere y confía mucho más en la medicina privada? ¿Por qué aquella empresa que 
preste a sus empleados mejores servicios médicos en hospitales privados superiores en atención y calidad a los públicos, no se le puede exentar del pago de sus aportaciones a dicho instituto cuando además 
sus pagos tienen un destino desconocido? Más preguntas: ¿Por qué si la misma empresa cuenta con planes de pensiones y jubilaciones, planes además de invalidez, enfermedad y muerte cuyos recursos están afectados en fideicomisos irrevocables, no se le puede exentar del pago de sus aportaciones al Seguro Social si está cumpliendo con creces pagando cantidades indexadas a beneficiarios que en el caso del Seguro Social pueden recibir hasta 600 pesos nuevos al mes por concepto de jubilación, los mínimos necesarios para perecer de inanición, porque alguien dispuso impunemente de las reservas del Instituto para sí o supuestamente para fines oficiales? Si el sector patronal paga la inmensa mayoría de las aportaciones, por qué dejar la administración del instituto en manos del gobierno? ¿Por qué dicho sector consiente en que políticos sin experiencia en administración de empresas presidan el consejo cuando el gobierno ni siquiera paga proporcionalmente sus cuotas? Donde hay un burócrata hay un problema. Donde hay casi 300,000 hay 300 mil problemas. ¿Por qué no privatizar entonces dicho instituto dejando que cumpla acaso sus funciones en aquellos medios rurales donde la medicina privada no llega ni los fondos respectivos de previsión social serían autofinanciables? Es un buen momento para privatizar el Seguro Social. También es un buen momento de moralizarlo y lo es más para que la oposición busque a los culpables o explique las razones de su catastrófica quiebra. El hecho de que se privatice y que sea auditado por la autoridad no implica que los mexicanos le vendamos el alma a Obama ni entreguemos la Baja California a los gringos ni hipotequemos la basílica de Guadalupe, implica, sí, que los beneficios lleguen a los derechohabientes, que no se distraigan los recursos, haya mejores servicios médicos y todos ganen: derechohabientes, empresas, fisco y, sobretodo México.