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¡Qué fácil es arbitrar!

BAJO LA LUPA

Acaparó los reflectores el partido jugado en el Santiago Bernabéu entre los archirrivales Real Madrid y Barcelona, generando una gran polémica el trabajo del colegiado navarro Alberto Undiano Mallenco, al sancionar tres penales en un juego de altísimo grado de dificultad.

Tras veinte repeticiones y la ayuda de la cámara lenta, todos somos árbitros. Sin embargo, la rapidez del juego y la preparación física de los participantes ha dejado muy atrás al arbitraje. A golpe de vista las dos acciones, tanto el penal marcado a favor del Madrid, donde efectivamente el contacto es unos centímetros fuera del área como el sancionado a favor del Barsa, en que Sergio Ramos aparentemente ni toca a Neymar, reunían todos los elementos para decretar la pena máxima.

La expulsión a Sergio Ramos, que inclinó la balanza para el lado culé, fue la consecuencia lógica de la marcación del penal. Insisto, el juez marca lo que ve en una fracción de segundo y si consideró que el defensor merengue impidió con su falta una oportunidad manifiesta de gol, pues al baño, mi hermano. Particularmente considero que no existió la infracción y que a Neymar le robaron la alberca.

Las declaraciones posteriores al cotejo son de todos los tonos pero me parece absurda la emitida por Cristiano Ronaldo, por cierto, desaparecido del encuentro, cuando dice que a la liga le conviene que pierda el Real para así continuar con el interés del torneo. Y de paso, como siempre, se lleva entre las patas al árbitro. ¡Mejor que le reclame a Xavi Alonso por el infantil penal que le cometió a Andrés Iniesta!

Ojalá este tipo de partidos alertara a la FIFA sobre lo que puede llegar a ser la copa del mundo de Brasil en materia de arbitraje. Es decir, si un estrella del arbitraje como Undiano Mallenco, con experiencia mundialista, tiene problemas serios por la velocidad del juego, en la justa mundialista esto se multiplicará por 62, que es el número de partidos que se disputarán. Urgen cambios de fondo en el arbitraje, sobre todo a nivel de la alta competencia.

En Inglaterra también venden piñas y en el partido de Chelsea contra Arsenal sucedió algo increíble: Resulta que el árbitro André Marriner sancionó penal por una mano dentro de área de los gunners, tardándose más de la cuenta dado lo claro de la acción. La infracción la comete Oxlade Chamberlain pero el juez expulsó a Kieran Gibbs, que nunca estuvo involucrado en la conversación.

La pregunta sería: ¿Para qué tanto aparato de intercomunicación y tecnología en el cuerpo arbitral? Digo, si no son capaces de ver a la primera el penal y luego se equivocan de jugador al sacar la roja, lo suyo es de manicomio. Y el que cometió en penal, en contra de todo fair play, no dijo ni pío. Muy ingleses pero igual de tramposos.

Mientras, en México se habla de "crisis arbitral" como si fuéramos los inventores del error. Por eso digo, ¡qué fácil es arbitrar!