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Qué hacer para crecer

En las últimas décadas, en México hemos apostado por un modelo de crecimiento basado en los sectores estratégicos de nuestra economía: la extracción de petróleo y la inversión en infraestructura que se deriva de este proceso; las manufacturas en el centro y norte del país, que integran la mayor parte de nuestras exportaciones no petroleras; y algunos productos agropecuarios, a través de los cuales conquistamos mercados internacionales.

Este enfoque sectorial ha tenido sus ventajas, especialmente porque nuestro país se ha consolidado como una potencia en esas industrias, pero también una desventaja enorme, que en buena medida explica el bajo crecimiento económico de los últimos 30 años: el modelo no facilitó la consolidación de un mercado interno fuerte y diverso.

¿Por qué? Fundamentalmente por dos razones: primero porque las pequeñas y medianas empresas no lograron encadenarse de manera generalizada a ninguno de los sectores estratégicos; segundo, porque hay vastas regiones en el país, que tampoco se insertaron en el proceso productivo de las industrias tradicionales: petróleo, manufacturas o agrotecnología de exportación.

El primer problema con el modelo sectorial es que las empresas en México, precisamente por no participar de un proceso más amplio de innovación, no quieren o no pueden crecer. Manuel Molano del IMCO ha descrito este fenómeno como el síndrome de Peter Pan: empresas que deciden no crecer, dejar de innovar, generando muy pocos nuevos empleos y por ello, poca distribución de la riqueza.

El segundo problema de un modelo sectorial para el crecimiento son las desigualdades regionales. Naturalmente las regiones que no pueden insertarse en la dinámica de las industrias estratégicas se van rezagando, no atraen inversiones, no generan nuevos empleos, no justifican inversiones en infraestructura y poco a poco, se van quedando atrás con mayores indicadores de subdesarrollo.

¿La consecuencia? 30 años de bajo crecimiento y uno de los datos más preocupantes: hemos perdido terreno internacional, al grado de que la riqueza promedio del mexicano se encuentra en su punto más bajo en 70 años, respecto de la riqueza promedio de los trabajadores norteamericanos, como medida de comparación.

Coparmex siempre ha apostado por más y mejores empresas, y es así porque creemos que es la alternativa a un modelo exclusivamente sectorial. Si México puede combinar las estrategias para fortalecer a sus principales industrias, con una agenda para fortalecer al mercado interno, podremos extender horizontes de crecimiento y desarrollo.

Una manera de avanzar en esta agenda integral es identificando regiones de actividad económica por vocación productiva, en polígonos intermunicipales y transestatales. Los proyectos de inversión deben buscar un flujo que no dependa estrictamente de las fronteras políticas y al contrario, que pueda fomentar la movilidad económica de los factores hacia clusters productivos. Algunos ejemplos de conglomerados productivos transestatales son el corredor Aguascalientes-León-Celaya-Querétaro, la zona de La Laguna, Saltillo-Monterrey o Campeche-Mérida. Hay muchas más, y en cada una de esas regiones el protagonista de la transformación puede ser las pequeñas y mediana empresa, que sin barreras para su crecimiento, ha probado ser el mejor vehículo para crecer con equidad.

Sigamos conquistando el mundo con nuestras industrias estratégicas, pero empecemos a pensar qué podemos hacer al interior de nuestro país, para que las empresas puedan crecer y con ellas, también nuestra economía.

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