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Opinión

¿Qué modelo de representación política?

POLITEIA
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Por: César Velázquez

Que los árboles no nos impidan ver el bosque. El debate sobre plurinominales más, plurinominales menos, o su eliminación definitiva —que aun siendo un asunto importante, no es lo decisivo—, no debe esconder lo que en realidad deberíamos discutir, aprovechando el buscapiés que ha lanzado el PRI con su iniciativa de consulta popular: el modelo de representación política que se quiere para México.

Creo que el tema ha sido muy bien planteado por Rigoberto Ocampo Alcántara (EL DEBATE, 24/VIII/14) al señalar que el debate debería girar en torno a si se aspira a un modelo de representación bipartidista o a uno de representación pluripartidista, en el entendido de que ambos son propios de la sociedad democrática y cualquiera de ellos que se elija, presupone que "el régimen político seguirá siendo democrático".

El asunto está en que la clave de uno u otro modelo se define en función de la magnitud de la inclusión y en la capacidad del sistema político para asegurar que la mayor representación de las minorías no ha de significar inestabilidad política o déficit de gobernabilidad. La transición en México optó por garantizar la mayor inclusión posible, y fijó un bajo umbral a los partidos para asegurar su permanencia. Fue una muy buena decisión. Otra cosa distinta, es la calidad de la democracia que hemos construido.

En efecto, como bien explica Ocampo, siguiendo a Maurice Duverger, la configuración de un régimen bipartidista deriva de una representación de mayoría relativa en la composición del legislativo, "mientras que cuando hay la disposición de la representación proporcional, la tendencia es hacia un régimen político pluripartidista".

Nosotros, como decía en mi colaboración anterior, tenemos un sistema de representación mixto que conjuga bondades y virtudes de uno y otro, y trata de limitar sus más evidentes defectos, aunque creo que la reducción del valor absoluto de la representación proporcional, así como el aumento del valor porcentual para asegurar la permanencia, limitan las posibilidades de la atomización, y garantizan la estabilidad del sistema político para un funcionamiento más o menos adecuado.

En esta discusión pongamos en la balanza las ventajas y desventajas de cada sistema de representación que la teoría política ha sistematizado:

Por un lado, el sistema MR es de naturaleza simple; se escoge blanco o se escoge negro, lo que origina gobiernos monopartidistas y oposiciones más definidas. Reproduce tendencias centristas, excluye partidos extremistas y afirma la relación entre representantes y representados en el Legislativo. También excluye a los partidos minoritarios y deja una gran cantidad de votos desperdiciados.

Por otra parte, el sistema de representación proporcional, hay pocos votos desperdiciados y una mayor correlación entre votos y puestos en el Congreso; asegura la presencia de partidos minoritarios y puede crear gobiernos compartidos. Debilita la relación entre representantes y electores, y disminuye la responsabilidad individual ante los representados, porque su compromiso es con el partido o el dueño del partido.

Todos estos componentes se han tomado en cuenta en México al momento de definir las modalidades de nuestra transición democrática. Los valores de la representación se han movido casi siempre con el consenso de los actores políticos, al igual que las reglas del juego. En suma, se ha asegurado el horizonte temporal de la política. El que gana no lo gana todo, y el que pierde no lo pierde todo.

cvr052@gmail.com