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¡Que no te metan gol!

Nos encontramos en la antesala de la segunda parte de una de las transformaciones más importantes para el futuro de nuestro país: las reformas legales en materia energética.

Independientemente de las posiciones del gobierno federal y de las fuerzas políticas, la sociedad debe y merece enterarse de lo que están a punto de discutir y votar sus representantes populares en ambas Cámaras del Congreso de la Unión.

En política, la administración del tiempo es fundamental para el éxito o fracaso de un proyecto. Teóricos como el español Juan Linz analizaron a detalle el factor tiempo en el proceso de cambio político. Los rasgos más notables de una estrategia se expresan en el rompimiento de inercias, la aceleración de procesos, la neutralización de ataques y el tránsito de coyunturas.

Hablar de futbol no es un asunto trivial o frívolo. Se equivocan quienes lo miren así. Hablamos del deporte-espectáculo más importante del mundo, con un inmenso arrastre de masas y que representa un gran negocio global. Se trata de un fenómeno social que ha sido abordado por historiadores, antropólogos y escritores.

Juan Villoro dice: "…es posible que el futbol represente la última frontera legítima de la intransigencia emocional; rebasarla significa traicionar la infancia, negar al niño que entendió que los héroes se visten de blanco o azulgrana."

El gobierno pretende utilizar el próximo mundial de futbol, la gran afición del pueblo a este deporte y el sentimiento nacionalista que acompaña a los juegos de la Selección, para aprobar sin oposición social el paquete de reformas que dañaría severamente el patrimonio energético nacional, que entregaría la renta petrolera a los capitales privados nacionales y extranjeros en condiciones de total discrecionalidad, que provocaría el aumento de gasolinas y gas, que provocaría el desmantelamiento y desaparición de Petróleos Mexicanos (Pemex) y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). En pocas palabras, nos quieren meter gol.

El argumento de la urgencia y de la gran responsabilidad del Gobierno, de su partido y aliados, para esta reforma se cae por una simple recopilación de hechos. El tema no es la urgencia, sino el oportunismo político.

El Gobierno pudo presentar sus iniciativas de reforma energética el primer día de enero de 2014 o a principios de febrero, cuando inició la actividad legislativa de este año. Lo hizo el 30 de abril, a unas horas de culminar el más reciente periodo ordinario de sesiones.

Pretendió administrar el tiempo, primero para negociar con los factores reales de poder interesados en la privatización del sector energético, después quiso colocar al Congreso contra la pared para aprobar al vapor sus propuestas y ahora, quiere construir una mayoría legislativa que vote a favor sus cambios cuando el foco de atención pública se encuentre en el rodar de un balón.

El simple calendario que proponen las Comisiones para el abordaje de los dictámenes corrobora esta afirmación. Ejemplo: la sesión de comisiones unidas el 12 de junio, el día de la inauguración, y el 17, cuando México se enfrenta a Brasil. Quieren gente metida en sus televisores o festejando en la columna del Ángel de la Independencia y no afuera del Senado.

No se trata de tener tiempo libre para que los legisladores podamos ver los partidos del Mundial o inclusive viajar a Brasil, como insidiosamente algunos lo han insinuado.

Desde nuestra perspectiva, la dictaminación de la reforma energética debe iniciar al término del Mundial. Esto permitiría que la mayoría de la población tuviera la posibilidad de enterarse de los cambios que pretenden aprobar el Gobierno y sus aliados.

El futbol es un juego, la privatización del petróleo y de la energía eléctrica, no.

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