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¡Que sirvan otra multa!

Para que la ley pueda ser realmente la misma para todos, todos deben ser afectados, para bien o para mal, de la misma manera por lo regulado. Eso incluye, desde luego, las penalizaciones por el incumplimiento del mandato legal.

Si un castigo previsto para una infracción no es significativo para el eventual infractor, para cualquier infractor por igual, es necesario buscar y encontrar la sentencia que castigue y desaliente futuras infracciones del sujeto penalizado y su imitación por otros.

Calígula solía perdonar los atentados contra su persona y, como el dios que se creía, absolvía "bondadosamente" a sus autores, eso, claro, después de aplicarles penas severas irreversibles, regularmente la muerte.

"Ni los mismos dioses podemos restituir la inocencia sin castigar antes", decía el finalmente sacrificado emperador romano.

Embriagarse ha sido y sigue siendo una conducta socialmente tolerada, igual que conducir un vehículo en estado de ebriedad. La mezcla de ambos comportamientos es altamente peligrosa y profundamente antisocial, pues atenta indiscriminada y exitosamente contra las vidas de los demás, de quienes tengan la mala suerte de cruzarse en el camino del bebedor irresponsable, cuyas acciones deben ser criminalizables, pues sus efectos y consecuencias se vuelven mortales con mucha facilidad.

En ese contexto me parece una saludable iniciativa la del Ayuntamiento de San Pedro que pretende modificar el reglamento municipal para que los conductores que manejan intoxicados y son descubiertos, pues hay muchos que la libran por la ley de las probabilidades, no dispongan, como hasta ahora, de opciones de castigo, como las del menú del restaurante que frecuenten, para que escojan "a la carte".

Los sorprendidos borrachos y al volante pueden hoy escoger entre una multa de 8 mil hasta 32 mil pesos, dependiendo del grado de burrez en que se encuentren, y un confinamiento cómodo de 12 hasta 36 horas. En ambos casos, la pena máxima, tarjetazo de 32 mil pesos o siesta del crudo de 36 horas, es la que actualmente corresponde al ebrio completo, el que no sabe ni cómo se llama.

Lo malo de un municipio como San Pedro, que en muchos otros aspectos es lo bueno, es que hay demasiada gente próspera y eventualmente mal portada, aunque no según la aceptación social de la borrachera.

Para esas personas la multa no quiere decir gran cosa, especialmente con lo de la ley de las posibilidades que casi garantiza que el conductor borrachín sólo una vez será cachado en "foul".

No se necesita ser demasiado rico para pagar la multa, sobre todo si un examen rápido no considera al infractor ebrio completo. Muchos de ellos pagan y dos o tres noches después se vuelven a arriesgar, al amparo de la imposibilidad de la posibilidad, y les valió el castigo, que les da tanta risa como el perdón de Calígula, igual de lejanos para ellos uno como el otro.

De allí que la autoridad municipal pretenda hacer el menú de plato único, eliminando la multa de cualquier monto y dejando sólo el confinamiento como opción de castigo, lo que no quedaría al gusto del comensal, que ahora no tendrá dos sopas, sino sólo una y forzosa, pues no se puede restituir la inocencia sin castigar antes.

Si lo que les duele a los infractores peligrosos y prósperos es el confinamiento, pues "la lana no es problema", como me dijo el otro día un amigo que sacó a su hijo intoxicado de la cárcel con una "pin... multa", entonces hay que confinarlos un rato, de perdido hasta que se les pase la guarapeta.

Ojalá que así aprendieran que no pueden andar en la calle poniendo en peligro mortal las vidas de sus prójimos y las de ellos mismos, que van por delante, aunque mi amigo pagador piense que su hijo es inmortal y que no se va a romper el cuello contra un poste, de lo que ninguna "pin... multa" lo regresará.

Y si un reglamento así resulta anticonstitucional, como dice el abogado Salvador Benítez, hay que cambiar de parámetros y de Constitución, pues las leyes deben proteger a la sociedad y no enterrarla en el cajón mortuorio de la forma. La vida está en el fondo. Salvémosla.

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