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Opinión

Qué tiempos aquellos

BAJO LA LUPA
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Por: Arturo Brizio Carter

¡Qué tiempos aquellos, señor don Simón! Y no me refiero a la extraordinaria película estelarizada por Joaquín Pardavé y que evocaba los tiempos idos, sino a la actualidad que viven los Pumas de la Universidad, sobre todo ahora que enfrentarán a su acérrimo rival: Las Águilas del América.

A principios de la década de los 60, ascendió a la primera división el cuadro representativo de nuestra máxima casa de estudios y durante varios años, con jugadores extraídos de sus fuerzas básicas y algunos elementos extranjeros de mediano perfil, pero gran calidad, se mantuvo como digno protagonista del campeonato mexicano.

En el año de 1974 se logró una triangulación comercial que fue el parteaguas que dividió la época romántica y el ingreso al balompié realmente competitivo.

Resulta que el director técnico de los Pumas era el gran Carlito Peters, brasileño que había vestido los colores azul y oro. Mi padre, don Arturo Brizio Ponce de León, se acababa de retirar del arbitraje y fue invitado para hacerse cargo de la gerencia del Club Universidad.

Recién estrenado en la oficina, a mi jefe le tocó la negociación que tenía por objeto el traspaso de Antonio de la Torre Villalpando, mediocampista surgido de la cantera universitaria, al América, fruto de un extraordinario marcaje que Toño le hizo a Carlos Reinoso en un juego entre ambas escuadras.

Con la cantidad que los "millonetas" pagaron por De la Torre, se pensó en reforzar al equipo del Pedregal y mi papá fue enviado a Brasil para cerrar la negociación con dos elementos que ya habían sido vistos y aceptados por el propio entrenador.

Con dólares en efectivo, dentro de un maletín, como si fuera película del agente 007, mi progenitor y el ingeniero Álvarez Huízar, ya fallecidos ambos, pagaron el fichaje de Evanivaldo Castro "Cabinho" y Spencer Coelho, y hasta lana les sobró.

Con estos jugadores y otros mexicanos de gran valía como Miguel Mejía Barón, Héctor Sanabria, Genaro Bermúdez, Arturo Vázquez Ayala, Hernán Cabalceta, por nombrar a algunos, se empezó a escribir la gloriosa historia de esta institución, primero con un título de copa en 1975 de la mano de Arpad Fekete y luego, ya con Jorge Marik en el timón, el ansiado título de liga ante La Universidad de Guadalajara.

Mucha agua ha pasado debajo del puente desde esos años hasta ahora y como el lógico, ha habido triunfos, derrotas, sinsabores, campeonatos, pero todo dentro de un plan coherente y con una mística que hace especial a este equipo de futbol.

Hoy parece que la brújula se extravió y de los agarrones ante el América, donde cualquiera podía ganar incluso el campeonato, queda muy poco. La visita de Pumas al Azteca el próximo sábado tiene el desagradable sabor de una posible masacre. Ojalá los jugadores de hoy saquen la casta que les sobraba a los de ayer.