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¿Quién ganará en 2015?

Aún no se puede saber quién ganará las elecciones de 2015, pero sí es posible establecer desde ahora de qué dependerán los resultados. Las elecciones son una competencia entre el partido que gobierna y la oposición. Si el partido del gobierno es fuerte y la oposición es fuerte, la competencia será reñida y los resultados dependerán de factores circunstanciales, de las campañas y los candidatos.

Si el partido del gobierno es fuerte y la oposición débil, la participación será escasa y sin mayor esfuerzo el partido de gobierno podrá incluso arrasar. Pero si el partido del gobierno es débil y las oposiciones son débiles, el partido oficial obtendrá una victoria pírrica.

El dato principal de las próximas elecciones es la debilidad de las oposiciones más que la fortaleza del PRI. Si el PRI con sus aliados logra el objetivo de mejorar la representación que hoy tiene en la Cámara de Diputados y de realizar su sueño de recuperar la Ciudad de México (acabar con la mayoría de izquierda en la Asamblea y ganar varias delegaciones) será como consecuencia de los errores de sus adversarios más que de sus propios aciertos.

La aprobación de las reformas estructurales que tanto presume el PRI no da para ganar una elección. ¿La reforma laboral ha creado más empleos o mejorado salarios? ¿La reforma educativa en su situación actual podría mejorar la calidad educativa? ¿La política económica podrá sacar a la economía de su comportamiento inercial de bajo crecimiento? ¿Los anuncios de la propaganda para apoyar la reforma energética se podrán sentir en las próximas elecciones? ¿Ha mejorado la seguridad en territorios electoralmente cruciales como el Edomex? ¿Los aumentos en gasolina, precios, mayores impuestos y el desempleo van a dar votos?

Un indicador de primer orden para anticipar el comportamiento electoral es el nivel de aprobación que tiene el presidente de la República. Este tiene una tendencia decreciente con pequeños repuntes -como el del momento de la detención de Elba Esther Gordillo o la captura del Chapo- que se diluyen en semanas para regresar a la tendencia. La aprobación presidencial va a la baja y es menor a la de su antecesor, a pesar de la eficacia de su política de comunicación y de la amplia disposición de espacios y recursos para el control de los medios.

A la falta de repunte de la aprobación presidencial –ocasionada por los resultados insatisfactorios de la acción del gobierno a los ojos de la gente- hay que agregar la persistencia de un fuerte voto anti PRI. Las encuestas muestran que a los ojos de los ciudadanos se sigue viendo al PRI como el partido más vinculado a la corrupción y a la impunidad.

Ante esta situación, la oposición tendría la posibilidad de tener un comportamiento exitoso en 2015. Pero en vez de aprovechar la oportunidad, están haciendo todo lo necesario para arruinarla y dejar que el PRI les gane. Desde la firma del Pacto por México, le entregaron al presidente los réditos, sin obtener nada significativo a cambio. El PAN podrá argumentar que consiguió revertir la expropiación del petróleo que le dio origen, pero no sabrá explicar por qué esa reforma no le dio más votos. El PRD podrá decir que ayudó a abrir las comunicaciones, pero no podrá explicar por qué no previó que su comportamiento en el Pacto, la reforma fiscal y la falta de compromiso suficiente en la consulta popular, facilitaron la reforma de los artículos 27 y 28.

Si a los errores de posicionamiento de la oposición se agregan sus divisiones internas, pues qué se podrá esperar. La cereza del pastel para el PRI podrá ser el DF. Con PRD, MORENA, PT y MC compitiendo entre sí, un PRD fragmentado, con un nivel de aprobación del gobierno de la Capital descendente y con una estrategia de demolición, el sueño del PRI de recuperar el DF se podrá volver realidad.

El PRI va hacia una victoria pírrica. La izquierda a una derrota que no merecen los millones de ciudadanos que en ella han confiado.