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¿Quién te dijo que no?

LÍNEAS EXTRAÑAS

Y decíamos que no, que México perdería, que frente a Brasil iría a hacer el ridículo y antes de empezar la fiesta nos dábamos por perdidos. Y nos sentamos frente al televisor con el desánimo encima, esperando el minuto final para confirmarnos mediocres y perdidos. Y, ¡oh, sorpresa!, México logra el empate y entonces festejamos en grande, incrédulos ante tal suceso. Cierto es que el desaliento es una elección respetable y todo mundo tiene derecho a sentirlo, a equivocarse. La extraña costumbre de darnos por perdidos antes de tiempo la traemos enraizada. Guardamos la fiel idea que estamos destinados a la mediocridad, que no tenemos razones para aspirar a cosas grandes. La negatividad del "no se puede" nos la inyectó no sé quién: padres, hermanos, vecinos, maestros o amigos. Tú sabes quién. Y antier, perplejos con los tres goles casi consecutivos ante Croacia, gritamos como desenfrenados, gozando las maravillas que nos provoca el "sí se puede". Dicen que el futbol, correr tras un balón, es quizá la única celebración inofensiva y limpia que nos queda de la idea de nuestro México. En él defendemos nuestra patria. Hasta el más callado y poco cariñoso manifiesta su identidad y amor después de un gol. Los millones de mexicanos que viven en Estados Unidos regresan a sus orígenes gracias a este deporte, ellos también festejaron en grande los goles, el del "Chicharito", de Márquez y de Guardado. Los goles, nuestros goles mexicanos, son una felicidad que cura y reanima, que alborota, es un paréntesis de buenas noticias en un cansado día. El futbol, pienso, nos enseña la lección de que sí se puede. Después de un gol todo es posible. Si se sueña es porque se cree, si se cree es porque se quiere y si se quiere entonces se puede. En ese sentido yo también deseo que la Selección Mexicana, con el "Piojo" por delante, avance, avance y avance. El domingo a las 10:00 de la mañana será un buen día para reunirnos, emocionarnos y abrazarnos. No me digan que no.

Hasta el miércoles.

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