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Quieren ser escuchados

SAPIENZA

Por increíble que pudiera parecer para un adulto, en muchas ocasiones los jóvenes no pueden procesar correctamente sus emociones, de ahí que no externen que uno de sus mayores deseos sea el de realmente ser escuchados por un adulto, pero sobre todo, por sus padres. Los muchachos quieren que sus padres hablen con ellos, no a ellos. Que las distracciones de la vida no los alejen y que hagan un intento por comprenderlos, aunque comprender no necesariamente signifique estar de acuerdo. El problema radica muchas veces en que los padres no han entendido que los hijos han pasado de la niñez a la adolescencia y que, por lo tanto, el control que ejercían sobre ellos, debe dar paso a la influencia sobre ellos. No deben tratar de inmiscuirse en toda decisión del adolescente y sí en cambio tomar en serio sus puntos de vista, pues para ellos son importantes. Los hijos tal vez no lo sepan externar, pero saben que se dedica tiempo a aquello que se ama, y tiempo para ellos es lo que reclaman de sus padres. Por lo tanto, si los padres quieren ganar a sus hijos, o no perderlos, deben mostrar un interés genuino en aquello por lo que pasan sus hijos. Sus temores y sus sueños. Sus frustraciones y preocupaciones. Deben los padres realmente escuchar y dedicarles tiempo. Y aquí no cabe la trillada –y falsa— frase de que "les dedico poco tiempo, pero es de calidad", porque no hay tal cosa como tiempo de calidad si no hay cantidad. Se dedica tiempo a lo que se ama. Así que es tiempo de salir a caminar juntos, de jugar o de tomar un helado. Es tiempo de sentarse y escuchar no sólo las palabras que salen de su boca, sino los sentimientos que alberga su corazón. La mirada cansada y los hombros caídos niegan cualquier intento del joven por fingir que todo está bien. Es tiempo de escucharlos sin juzgarlos; cuando se les escucha también ellos están más dispuestos a hablar y a escucharlo a usted. Pese a la aparente indiferencia de los jóvenes, en realidad quieren que sus padres estén ahí. Quieren libertad, sí, pero no tanta pues el exceso de libertad indica que hay falta de interés en ellos. Los padres sabios saben que no hay un trato estándar para los adolescentes, y que hay que estar ahí para saber qué duele y a dónde quieren llegar.