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Recargado 2014, pero de impuestos

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Y vaya que este año inició bien recargado para todos, pero de impuestos, pues tal y como se vislumbró en la recta final del 2013, tras la aprobación de la polémica reforma fiscal y energética, el 2014 comenzó con un golpe realmente doloroso para el bolsillo de los mexicanos, sobre todo, para los más necesitados que son mayoría, lo que podría recrudecer la famosa "cuesta de enero".

Y es que a los aumentos a los combustibles se suma, en este inicio de año, la aplicación de un impuesto especial a los refrescos, el ocho por ciento a los alimentos con alto contenido calórico, incluidas algunas variedades de pan que forman parte de la dieta diaria de los mexicanos, además de incrementos escalonados en el Impuesto Sobre la Renta (ISR).

Sin duda, todo esto plantea un panorama económico muy complicado para la mayoría de la población que gana menos de 200 pesos al día, pues estos incrementos obligarán a los comerciantes y a proveedores de productos y servicios como el transporte a elevar sus costos y cuotas, lo que sin duda terminará por absorber el ciudadano común.

Esta nueva política fiscal del gobierno federal que encabeza Enrique Peña Nieto y que fue avalada por la mayoría de los diputados y senadores, incluidos los sinaloenses, ha provocado un gran descontento entre la ciudadanía que, desde hace tiempo, enfrenta dificultades para abastecer de una manera muy raquítica su despensa.

También lamentan las declaraciones de "optimismo descarado" de quienes dieron el "sí" a estos incrementos, como el caso de la senadora Diva, quien ayer, en Guasave, reconoció que estos impuestos -aprobados por ellos- golpearán a las familias, pero que aún así garantizarán orden y mejoría en la economía del país.

Y de qué sirve a los millones de familias que viven en la pobreza que la economía global mejore cuando ellos se están muriendo de hambre, y lejos de que el gobierno federal implemente una política de rescate a estos grupos, les aplica una descarga de impuestos y aumentos a una serie de productos que ya de por sí les eran vedados para su bolsillo.

Sorprende que el gobierno federal siga mostrando optimismo y trate de hacer ver a los mexicanos que las condiciones van a mejorar, cuando de golpe y porrazo ha pulverizado más su capacidad adquisitiva.