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Reconciliación de las Beatrices

Per saecula saeculorum

Dentro de mis #21diasdebondad existe un reto que se llama "Reconciliarse con alguien" -suponiendo que todo mundo está peleado con un personaje en esta vida-. La verdad que yo nunca ando buscando pleitos por más polémica que me ponga a veces y jamás me tomo las cosas personales. Soy chiquita, picosa, defensora del débil, contreras y rebelde pero nunca con afán de fregar personalmente, mas sí de sensibilizar. Por lo cual no encontré con quien cumplir este "punto de reconciliación" más que conmigo: Beatriz. Es difícil reconocer que una tiene cosas que arreglar de sí misma y como mujer no crean que es mi cuerpo, ¡NO!, a esos 1.54 cm los amo con locura desde la perfección de su pelo hasta lo chatos y gruesos de sus pies (aunque de muslo y caderas se pasa un poco a veces). Lo que pasa es que con el tiempo, o será con la vista desde el "tercer piso" al que acabo de llegar, una va vislumbrando y aprendiendo cosas que hace y deja de hacer o cosas que no hace y nunca volverá a hacer, al igual que muchas cosas que al aprenderlas nunca podemos dejar de hacerlas. Bueno, pues después de enredarlos, lo mío se los voy a contar: Hace unos años me enfrenté a situaciones "difíciles", aunque para mí la vida es vida y nos arroja retos, no dificultades ni tragedias. El caso es que todo esto nació de mi necesidad de siempre sentirme y verme como la mujer más fuerte del mundo, aquella que no demuestra ni vulnerabilidad ni un ápice de fragilidad. Sí, esa soy yo, la "Sorayita Levantapeso" emocional que todos llevamos dentro y que posterga sentimientos y pensamientos negativos para sentirlos "algún día" después, por allá cuando realmente valga la pena porque eso de andarse desmoronando por ahí la verdad que no es lo mío. No sé si encontré la fórmula o manera de ahogar dolores, y tristezas, comida, insomnio, reumas o mal humor, pero el caso es que DESAPARECIERON, aunque no se por qué, ya que creo que mi sistema no es bueno ni debe funcionar, o tal vez mi cerebro es tan complejo que convirtió todas esas cosas en esta simple conclusión: "No está bien ser así", no porque sea anormal sino porque las cosas suceden y se deben tomar en cuenta, se deben sentir y jamás postergar, ni alargar ni dejar que se adueñen de uno, pero deben tener su lugar, su momento. Se debe gritar cuando uno se asusta, llorar cuando se está triste y aventar puertas cuando de berrinches se trata. Yo en lo personal creo que cuando la vida se pone dura mis días son igualitos, sólo que mis noches se vuelven más largas, la comida más insípida, el trabajo un poco aburrido y las semillas de limón más asquerosas que nunca. Y aunque por ahí encuentro mis ideales, valores y caras que siempre me empujan a seguir adelante, de alguna manera en el camino a veces siento que me olvido de mí misma y me pierdo. Sé que siempre seguiré siendo fuerte, ocurrente, valiente, decidida, alegre, muy pícara, bromista y también soberbia, pero tal vez con menos ímpetu que antes, tal vez todo eso se va desgastando a medida que una le mete más "fortaleza" a las cosas y menos importancia a las otras, todo por siempre tener un norte muy claro y una base totalmente estable que a estas alturas "está sobreevaluado". Aprendí que tal vez el hundirse, caerse, desmoronarse, tropezarse, "nortearse" o ahogarse en llanto muchas veces ayuda a resetear el "disco duro", a limpiar el filtro, a evaluar tu situación desde el punto de vista más pesimista y negro que podamos darle para después salir de ahí y decir: "¿Qué estaba pensando pensando eso?" (válgame la redundancia). Bueno, yo por arte de magia me he "ENCONTRADO" siempre y sobre todo ahora, por lo que he prometido no dejarme a mi suerte nunca jamás, quizá sea gracias a mis hábitos, oración, meditación, tener a mi familia cerca, a mis amigos conmigo, a hacer lo que me da siempre la gana y a mi turbio sentido del humor, pero milagrosamente me he encontrado las heridas y me las he curado como quien cura a una niñita que se raspa las rodillas, me hinqué ante mí misma con pañuelo, pomada y curita y me prometí que nunca me iba a soltar la mano. Con el tiempo yo y mi yo misma nos hemos vuelto una nuevamente, nos sentimos fenomenal, trabajamos a gusto, nos divertimos, nos enfiestamos sensatamente y nos lanzamos sobre nuevas ideas, proyectos y locuras con esa pasión que hace que se mueran las vergüenzas y que otros nos tachen de "locas payasas". Tan sólo le he puesto una condición a esta Beatriz: Debe sentir mil cosas y serlas 100% para poder brillar con toda la intensidad ahorradora que puede, ya que a veces se "desperdicia" y eso está muy mal porque Diosito no le dio a todos lo que le dio a ella… Los invito a que se reconcilien con alguien, tal vez se encuentren con mi mismo detalle que no es nadie más que ustedes mismos. ¡Así que por el momento saludos de parte de las dos locas! ///

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