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Récord guinnes para independientes

Si algún ciudadano común consigue hacerse candidato independiente en México sin apoyo de un partido político o de algún poder fáctico, debería ser merecedor de un reconocimiento internacional por realizar un acto inédito. Ninguna democracia en el mundo concibe las candidaturas independientes como si fueran una amenaza. Por el contrario, las democracias que incluyen esta figura entre sus posibilidades de acceder a la representación popular, ofrecen incentivos para que emerjan con fuerza.

La cantidad de requisitos que la propuesta político electoral pretende solicitar, para que un ciudadano sea candidato sin postularse con un partido político, es abrumadora. Cualquier mexicano que aspire a convertirse en candidato independiente deberá primero realizar una precampaña que le permita obtener un registro. El borrador de la nueva Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales en el que trabaja el Senado propone un periodo para que quienes deseen ser candidatos independientes busquen el respaldo ciudadano. Esto suena sensato hasta que se conoce el porcentaje de firmas que proponen que debe recolectar.

Si conocen algún ingenuo que haya considerado lanzarse como candidato independiente a la Presidencia de la República, sin recibir favores partidistas, adviértanle que los legisladores planean que deba reunir poco más de 8 millones de firmas en 120 días, en 17 entidades federativas. Para aquellos que quieren ser senadores, se proponen 90 días para colectar el 2% de firmas del distrito electoral por el que desean competir. Muchos de los senadores actuales no obtuvieron esa votación en las urnas.

Eso sí, que ni se imaginen los candidatos independientes que durante los días de precampaña tendrán acceso a medios de radiodifusión. Deberán ser políticos profesionales de trabajo en tierra para hacer cientos de reuniones vecinales, marchas o asambleas comunitarias, en las que sí tienen permitido dar a conocer sus plataformas.

La burla no termina ahí, sino que la independencia queda aniquilada con la figura de una competencia previa a la que todos los candidatos deberán someterse, de modo que sólo los tres que obtengan el mayor apoyo ciudadano alcanzarán la candidatura, una vez que el Instituto Nacional Electoral revise la validez de las firmas. Esto implica que si hay más de tres ciudadanos que consiguieron legítimamente la cantidad de firmas requeridas, no tendrán el mismo derecho que quienes superaron por uno o dos apoyos ese conteo.

Revisando los antecedentes de impugnaciones en los estados, ni la Suprema Corte de Justicia de la Nación ni el Tribunal Federal Electoral, sentaron criterios respecto de la inconstitucionalidad de que sean tres los candidatos independientes con mayor número de apoyos al momento del registro. Así que poco resolverán los amparos. Los recursos y espacios en radio y televisión se distribuirán entre estos tres aspirantes como si fueran un partido nuevo.

El camino bipartidista que está trazado por esta propuesta queda coronado con las soluciones simplistas que ofrecen. La apuesta parece estar colocada en demeritar a toda costa las candidaturas apartidistas.

Los términos de simulación en los que han convertido los espacios de participación ciudadana, quedan tan reducidos o ridiculizados, que difícilmente tendrán un futuro. Con el enfoque con el que regulan la reelección, la iniciativa ciudadana, la consulta popular y ahora las candidaturas independientes no abren las ventanas que se requerían para oxigenar el sistema de representación política. A eso dedican su tiempo los legisladores, a estrechar nuestra incipiente democracia con reglas aberrantes que en vez de asegurarla la vulneran. En cambio, su enquistamiento en el poder sí queda garantizado.

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