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BAJO LA LUPA
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Por: Arturo Brizio Carter

Visitó la ciudad de México el actual campeón de la liga española, el Atlético de Madrid, dentro del marco de la copa Euroamericana, un buen cotorreo global que busca convertir la pretemporada de los grandes clubes en una competición entre ambos continentes. La verdad, es una buena puntada, pues sería imposible aglutinar tanto equipo en una sola sede y mejor los vas llevando por diferentes lugares, pones en disputa un trofeíto y la televisión se encarga de lo demás.

El papel de anfitrión le tocó al América y no desmereció, aunque los dos cuadros estuvieron lejos de integrarse con lo mejor que tienen y reflejo de ello, fue el cero a cero en los noventa minutos reglamentarios. En la tanda de penales, fue el guardameta aguilucho, Hugo González, quien decidió ponerse la camisola de héroe al detener dos tiros desde los once metros y clavar el quinto de su equipo para que, de esa manera, se levantaran con el triunfo.

El partido marcó el reencuentro de dos viejos camaradas, quienes jugaron juntos en su época de juveniles con la selección argentina. Tanto Diego Pablo Simeone como Antonio Mohamed, vistieron la albiceleste en aquellos despreocupados días en que intentaban abrirse camino como profesionales y futuros estrellas del balompié.

Es aquí donde se entrelazan los recuerdos de un servidor. Sería por ahí de mayo o junio de 1988 y se jugaba en Argentina el premundial Sub-20, que otorgaría los boletos correspondientes a Conmebol para el Mundial de la categoría a celebrarse en Arabia Saudita en febrero del año siguiente.

Me tocó la suerte de ser designado para dirigir en ese evento que se celebró en dos grupos: uno jugando en el estadio del Vélez Sarfield y otro compitiendo en la cancha de Ferrocarril Oeste. Como era un juez neutral, arbitré en ambos escenarios.

Los pamperos iban avanzando a los empujones, con un equipo sin claridad pero con mucha garra, liderados por su capitán, el "Cholo" Simeone y con Mohamed por la banda izquierda. La gente en la calle y la prensa opinaban que no deberían de calificar pues jugando así, no tendrían ninguna oportunidad en el Mundial a celebrarse en Asia.

Cuando llegaron los partidos definitivos, el torneo trasladó su sede al estadio monumental del River Plate, donde se presentó el juego soñado por los organizadores: Argentina vs Brasil.

Obviamente, todos soñábamos con estar en el centro del campo ese día y quiso el destino que la comisión de árbitros se decidiera por el juez mexicano.

El estadio estaba a reventar, cosa un poco extraña para un cotejo de jóvenes pero bueno, sabemos con qué pasión se vive el futbol en esas tierras. Los capitanes eran, por un lado, el multicitado "Cholo" y por el otro, Leonardo, quién más tarde sería mundialista con el scratch du ouro y figura en el Milán.

Brasil ganó 3 a 1 y casi deja en la orilla a los "chés". A Simeone me lo volví a topar en Francia 98.