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Reforma energética: oportunidades y riesgos

La legislación secundaria que dará vida a la reforma constitucional en materia de energía está por terminar el ciclo de aprobación en el Congreso de la Unión. La reforma energética verdaderamente será un parteaguas en la historia económica de México. Tiene casi todo a favor para que sea para bien del país. Los beneficios potenciales para las actividades productivas de la economía mexicana y para los usuarios/consumidores son inmensos dado el rezago en el que se encuentra nuestro sector energético dominado hasta ahora primordialmente por un monopolio en toda la cadena de hidrocarburos y un monopolio en la electricidad. Todavía no hay que echar las campanas al vuelo, pues hay riesgos que podrían inhibir y reducir los beneficios.

Esta reforma es trascendental porque la producción de todo bien y la prestación de todo servicio tiene como insumo a la energía. Hoy los mexicanos satisfacemos las necesidades de energía primordialmente a través de lo que se conoce como combustibles fósiles. La gasolina y el diesel son los principales combustibles para el transporte público y de los particulares. La industria manufacturera, el comercio y otros servicios requieren de electricidad la cual se genera primordialmente de gas natural (aproximadamente 50% del total), el cual tenemos que importar, seguido por el combustóleo (18.1% del total), que implica básicamente utilizar la fuente de energía más cara. En el año 2000, el combustóleo era el principal combustible para generar electricidad y representaba casi el 38%.

Entre los principales beneficios de esta reforma que transformará las estructuras y composición del sector energético mexicano, cabe destacar que por fin el gobierno podrá tener una política de energía que pueda concentrarse en elevar la competitividad de la economía mexicana, en lugar de utilizarla como un instrumento de la política fiscal del Estado Mexicano. Con el nuevo marco jurídico el Estado Mexicano ahora sí tendrá más y mejores instrumentos para cumplir la seguridad energética.

El fin del monopolio de Pemex en los hidrocarburos es una excelente noticia para Pemex, las finanzas públicas y los mexicanos en general. Al permitir la participación privada el país deja de poner todos sus huevos en una sola canasta para incrementar tanto las reservas probadas de hidrocarburos como la producción de petróleo y gas. La industria petroquímica podrá al fin desarrollarse. Esto no acontecerá inmediatamente, pero ya se abre el camino para que Pemex, ahora como Empresa Productiva de Estado, compita y eleve su eficiencia.

Dejar atrás el monopolio de los hidrocarburos es también una buena noticia para las finanzas públicas que aún son adictas a los ingresos provenientes del petróleo. La entrada de nuevos jugadores a la exploración y producción de petróleo diversifica el riesgo de depender sólo de Pemex. Si bien la nueva producción de petróleo esperada, principalmente de aguas profundas, ultra-profundas y otros lugares no convencionales, implica más costos y más riesgos, y en consecuencia representan una menor renta económica, los ingresos petroleros podrán mantenerse e incrementarse a favor del Estado Mexicano con más jugadores. Una ventaja de esta reforma la representa la creación del Fondo Mexicano del Petróleo, con el cual se impone un límite al uso de los ingresos provenientes de un recurso no renovable para el consumo.

Para el crecimiento económico, sin lugar a dudas, la gran aportación de la reforma energética es lo que vendrá en materia de electricidad. Ahora podrá acelerarse la sustitución del parque de generación de electricidad, la que combinada con la apertura para producir gas natural y un mayor acceso al gas natural proveniente de Estados Unidos y Canadá, se tienen los fundamentos básicos para que disminuyan las tarifas eléctricas. Las energías renovables ahora tendrán también mayores oportunidades de crecimiento, dado el nuevo marco institucional.

Sí, también hay riesgos. La corrupción acecha, pero también se dispone de mejores instrumentos para que este cáncer se mantenga alejado. Falta todavía la elaboración y publicación de los reglamentos que son responsabilidad del ejecutivo federal. Habrá que estar atentos, pues el diablo se esconde en los detalles. El gobierno mexicano tiene ahora menos disculpas para explicar la falta de crecimiento económico. A nosotros nos toca exigir que la reforma energética entregue los resultados esperados.

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