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Reforma: hay que ponerle un poco de sal a la mollera

POLITEIA

Es muy sencillo: si, como todo mundo ya lo acepta, siguiendo la formulación del economista Mancur Olson, que la capacidad de las naciones (y de las regiones, agregaría) para generar riqueza depende no de aquello que su dotación de recursos permite, sino de aquello que las instituciones y las políticas públicas hacen posible, la clave de futuro para Sinaloa está en la capacidad de modificar las reglas del juego entre los agentes económicos, productivos, sociales y culturales, que den certidumbre a los intercambios en el marco de un fortalecido Estado de derecho.

Este es el sentido que tiene la reforma del Estado, cuya iniciativa, lanzada por el gobierno de Mario López Valdez y respaldada por los partidos políticos así como por el poder legislativo, se expresa en los Compromisos por Sinaloa, que apunta, como se insiste en la convocatoria, a una transformación del andamiaje jurídico, político y administrativo de la entidad para empujar la modernización de la entidad y prepararla para estar en condiciones de competir por un lugar digno en el mundo.

¿Se puede o no se puede? Veamos: el valor mundial de la producción de bienes primarios apenas representa el cuatro por ciento del PIB global. En Sinaloa, con todo y que ahí está su vocación productiva, el sector primario acaso llega al 15 por ciento del producto local. Con estas armas, se puede ocupar una posición relevante en el corto plazo, pero en un horizonte más amplio, el destino es hacer de Sinaloa un territorio estancado o perdedor, y no un territorio ganador.

Hay estudios que lo demuestran, y a los que me he referido en otras ocasiones. Todo es cuestión de darles una revisada. De ahí que tenga sentido aprovechar la coyuntura y recuperar el impulso reformista de sociedad, partidos y gobierno para trazar el perfil de una sociedad realmente moderna, de mercados económicos y políticos abiertos, competitiva, con capacidad para agregar valor a sus productos y con una estructura diversificada.

Y en gran medida ello depende de la capacidad de los propios partidos para desplegar sus propias iniciativas de cambio y modernización, que al fin y al cabo, se supone, eso son los partidos: portadores de proyectos de futuro. De ahí que suene más bien a excusa para esconder que la tarea no se ha hecho bien, afirmar que se quiere una reforma corta, centrada sólo en algunos aspectos del ámbito de la política.

El titular del poder Ejecutivo ha reiterado que no hay temas vedados: "No hay ningún tema tabú, no hay ningún tema que no se pueda poner ahí… lo que queremos hacer es que Sinaloa se ponga a la cabeza, a la vanguardia, en reformas, que sea un estado reformador… El Ejecutivo no será una traba para el avance democrático y el cambio de reglas del estado."

Tengo la impresión de que muchas de estas iniciativas no provendrán de la sociedad, de sus organismos representativos, de sus agrupaciones profesionales y gremiales, y me parece lamentable, aunque comprensible. Tampoco advierto que los partidos tengan mucha iniciativa. Lo peor es dejar pasar una oportunidad para las reformas como hasta ahora no se había tenido.

Ojalá que este segundo foro regional hoy en Culiacán demuestre que mi apreciación es equivocada. Sinceramente lo deseo.

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