Opinión

Reformar la democracia ficticia

IDEAS PARA EL CAMBIO
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Por: AARÓN SÁNCHEZ

De cara el proceso electoral del 2015, y sobre todo del 2016, es importante tomar en cuenta que hoy existe una crisis en materia de representatividad política. Ha quedado demostrado que el resultado electoral ya no es suficiente para legitimar a quienes triunfan en las urnas. Tenemos una democracia ficticia surgida de escenarios políticos artificiales.

El politólogo Norberto Bobbio, establece que una definición mínima de la democracia debe contener al menos seis reglas: que todo ciudadano pueda elegir libremente, que el voto de cada quién tenga el mismo peso, que exista competencia entre partidos políticos, que se pueda elegir entre programas alternativos, que se respete la mayoría numérica, y que la minoría tenga la oportunidad de llegar a convertirse en mayoría.

Pero, ¿qué es lo que sucede en la realidad política de hoy? La decisión del ciudadano es manipulada a través de los medios de comunicación, con información tendenciosa y encuestas dirigidas. El voto ya no tiene el mismo valor, pues algunos triunfan con menos del 10% de los votos que obtienen otros candidatos.

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Los partidos políticos ya no compiten entre sí: todos son únicamente maquinarias electorales. Aunque unos sean más eficientes que otros. Ya no tienen ideología que les identifique y les haga diferente. En consecuencia, tampoco ofrecen programas alternativos para que el elector seleccione y decida.

La mayoría numérica no se respeta. Los diputados plurinominales, no ganaron elección alguna. Tampoco los senadores plurinominales, menos aún los de primera minoría. Todo es producto de un arreglo entre partidos políticos. Ellos se han apropiado de la democracia y la utilizan solo en su beneficio.

Por ello es necesario reformar nuestra democracia. Resulta indispensable hacerlo. La crisis de representación política hace inoperante las instituciones públicas que suelen tomar decisiones alejadas del interés de las mayorías. Existen múltiples ejemplos de ello. Además, hay que rescatar la importancia de los procesos electorales como mecanismo para legitimar políticamente a los representantes populares.

Ante esta crisis de representación política, se hace necesario ampliar realmente la participación social en decisiones públicas. Una alternativa es la elaboración de presupuestos participativos. Este mecanismo reduce la desigualdad, favorece a los desprotegidos y fortalece el tejido social.

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Otra posibilidad es abrir a consulta pública los proyectos de obra pública para recibir la opinión ciudadana. También está la creación de células de planificación donde ciudadanos elegidos al azar analizan programas gubernamentales y determinan su pertinencia social y económica.

Lo importante es dejar atrás esa democracia ficticia y la constante construcción de escenarios, a todas luces artificiales, para tratar de legitimar acciones públicas. Pero todos toleramos y somos cómplices de la farsa política.