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Reformas: para no hipotecar el futuro

POLITEIA

Ayer se cumplieron dos meses del lanzamiento de la iniciativa Compromisos por Sinaloa, un proyecto convergente de partidos y los poderes ejecutivo y legislativo para poner en marcha una ambiciosa reforma del Estado que permita poner al día las instituciones, esto es, las reglas del juego, y dotar a la entidad de los medios necesarios para encarar los desafíos y exigencias de su desarrollo en el horizonte de los años venideros.

Los autores de la iniciativa, tengo la impresión, se han puesto un listón bastante alto que, de alcanzarse, podría significar la más profunda transformación de la estructura política en muchos años. Lo ha dicho el gobernador con estas palabras: "Es un suceso histórico y trascendental que permitirá cambiar las reglas del juego político, y evitar que Sinaloa se quede rezagado en las reformas que se requieren para homologarlas con las leyes federales, fortalecer al estado, la competencia política, el servicio público y la democracia."

La reforma del Estado en nuestro país ha sido un proceso lento, accidentado, sustentado en acuerdos que han supuesto equilibrios inestables y que en cada paso reformista ha contenido ya la necesidad de una nueva reforma. De ahí que para algunos especialistas, más que hablar de una transición, en el caso mexicano se debe hablar de un proceso de liberalización política. Esta modalidad del cambio político ha terminado por ser anticlimática, con no pocas expectativas desinfladas y una creciente separación entre la política y los ciudadanos.

A este respecto son muy ilustrativas las encuestas del Latinobarómetro, por ejemplo. Son muy altos los porcentajes de ciudadanos mexicanos que muestran su desencanto con la política, con los políticos, con la democracia. Es comprensible: la instalación entre nosotros de un clima de libertades y la llegada de valores propios de una sociedad abierta, no se vio acompañada de los bienes materiales a los que todo ciudadano tiene legítimo derecho en el mundo moderno.

Esperemos que éste no sea el caso de Sinaloa. He revisado la página Compromisos por Sinaloa y advierto que, a diferencia de temas claves de la agenda como la reforma económica, transparencia y rendición de cuentas, seguridad y justicia o desarrollo social y políticas públicas, hay una sobrecarga de expectativas en materia de reforma política, y de manera especial en temas que, a mi juicio, hace mucho tiempo debieron haberse resuelto para asegurar la equidad en la competencia por el poder político.

Pero las cosas son como son y, si como se ha señalado, la profundidad de la reforma se definirá por la magnitud de los consensos que entre los actores participantes se alcance, es de esperarse que en el Legislativo, espacio en el que se procesarán los cambios, habrá talento para pensar los cambios con visión y sentido de Estado.

Sólo así será un suceso histórico y trascendental. Que las expectativas no se desinflen y que los ciudadanos reafirmen su confianza en que la competencia por el poder político discurrirá por cauces civilizados, es tarea –ojalá que no sea demasiado pesada– del Legislativo. La pelota está en su cancha.

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