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Regreso sin gloria

PORTARRETRATO

Después de haber sido alcalde de Morelia en cuatro ocasiones y ganado la elección de gobernador en Michoacán, el bastión simbólico del PRD, se podría entender que Fausto Vallejo estuviera determinado a regresar al poder después sobrevivir una enfermedad renal. Pero su tozudez –pidió reiteradamente licencias por seis meses– y le salió caro a él y a los michoacanos. Se aferró a un cargo que por salud se le había ido entre las manos y luego, para cubrir el deterioro personal y del estado, quiso ocultar con mentiras que Michoacán vivía en paz, sin necesidad de traqueotomía.

Hoy Fausto Vallejo es un gobernador que no gobierna, y el poder del que no se quiso desprender por razones aún no claras, ha destruido lo que durante años de brillante carrera política de partido forjó: el respeto. La crisis de seguridad en Michoacán desnudó la ingobernabilidad que creyó esconder, y su tardío reconocimiento que solo no podía enfrentar a los cárteles de la droga y a los grupos civiles armados, lo arrolló y lo despojó de todo, salvo la responsabilidad formal.

Este miércoles, el gobierno federal nombró un comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral, con poderes plenipotenciarios. "Es un gobernador de facto", dijo el presidente del PRD, Jesús Zambrano. La prensa no dudó en señalar que Vallejo estaría sometido a la decisión del comisionado, Alfredo Castillo. "No soy un pelele ni un títere, ni una persona que sus valores le permitan entregar la soberanía del estado", respondió molesto a las preguntas de los periodistas que cuestionaron su función en el contexto actual.

Poco vida tuvo su enjundia. La mañana del viernes le habían peguntado los periodistas si cambiaría a su procurador y secretario de Seguridad Pública, que habían sido evaluados por Castillo un día antes. "No –respondió–, son buenos funcionarios". Por la tarde se comió sus palabras durante una conferencia de prensa donde anunció que serían sustituidos. El federalismo estaba hecho trizas en Michoacán y él, por varias razones, podrá cargar con la principal responsabilidad de esa desgracia democrática, por la forma como construyó y administró su gobierno.

El 22 de noviembre pasado, este reportero escribió una columna "Michoacán, peor imposible", donde se narraba: "… Vallejo ganó la elección en noviembre de 2011 y de acuerdo con políticos expertos en los temas michoacanos, desperdició la oportunidad para reconstruir su estado al establecer una alianza con el exgobernador Leonel Godoy, quien dejó una deuda de 38 mil millones de pesos –la más grande de los estados–, y un déficit de 10 mil millones. (Godoy) Heredó de su antecesor Lázaro Cárdenas Batel un estado infectado de cárteles de la droga, y lo dejó convertido en un campo de batalla, que llevó a los michoacanos a vivir el momento más angustiante de su historia.

"El artífice de ese acuerdo fue Jesús Reyna, a quien nombró secretario de gobierno, por medio de uno de los hermanos de Godoy, con quien creció y estudió. La alianza, dijeron los políticos, abrió frentes con la senadora Luisa María Calderón, que perdió la gubernatura ante Vallejo pese a los recursos que inyectó el gobierno de su hermano el ex presidente Felipe Calderón… El equilibrio con esa alianza, que era muy frágil, se alteró cuando Vallejo pidió licencia en mayo (de 2013) para atender una enfermedad renal.

"De acuerdo con los políticos que entienden de Michoacán, al asumir Reyna el cargo como interino, sintió la presión de esa alianza mediante imputaciones de corrupción, y comenzó el deslinde de su anterior jefe. Reyna hizo cambios en las áreas de seguridad y justicia y económicas del gabinete, que tocó los intereses económicos del gobernador, algunos de los cuales relacionados con su hijo Rodrigo. "Los conflictos políticos internos se acentuaron. Reyna se acercó al secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong, para trabajar en la gobernabilidad, un esfuerzo que se interrumpió por el deseo de Vallejo de regresar a la gubernatura tras su asombrosa recuperación de las operaciones. El retorno de Vallejo al poder en octubre (de 2013) provocó la molestia de Reyna, quien aparentemente tenía el compromiso de que sería ratificado como gobernador, y se fue durante varios días para, dijo, tomar unos días de descanso. Las presiones de la Secretaría de Gobernación para que regresara y ayudara a limpiar las cañerías en el estado, lo llevaron de vuelta –a regañadientes–, a la secretaría de gobierno estatal. La situación desde que regresó Vallejo empeoró en Michoacán, con pérdidas reales de territorio en manos de grupos paramilitares".

En ese momento, funcionarios federales externaron la posibilidad de que con ese tándem se pudiera mantener una ruta hacia la estabilidad. Coincidió en tiempos, sin embargo, con un reforzamiento militar de los grupos de autodefensa que iniciaron una táctica ofensiva: ya no sólo defenderían sus comunidades; irían al rescate de otras. Ningún civil en el gobierno pareció entender lo que estaba sucediendo en Michoacán. Vallejo, en la cerrazón de quien se perdió en la bruma sociopolítica del conflicto, menos. Pero ante sus declaraciones sistemáticas de que no sucedía nada grave en el estado y que todo se reducía a conflictos focalizados, la Secretaría de Gobernación también estaba cruzada.

En la inmovilidad política de ambos, la realidad los alcanzó. En los últimos días, Vallejo decidió hacer a trompicones lo que negó por meses: solicitar la ayuda federal para restaurar el orden en Michoacán. Pero en el camino, entró en una lucha de declaraciones contradictorias con Osorio Chong. Políticos cercanos al secretario de Gobernación no entendían lo que estaba haciendo Vallejo. Funcionarios en Gobernación adjudicaban una alta responsabilidad del deterioro michoacano al gobernador.

En su entrevista con la prensa el viernes por la mañana durante una visita a Uruapan, Vallejo urgió a sus críticos ponerse a trabajar y dejar a un lado las especulaciones. Directo, les mandó decir: "Al principio decían que no nos hacían caso y ahora, que se ve la atención del gobierno (federal), dicen que me quieren sacar".

Una vez más, el gobernador mintió públicamente. Tan le hicieron caso que cuando fue a la Secretaría de Gobernación a comunicarles que regresaría a la gubernatura, Osorio Chong le pidió no hacerlo para mantener a Reyna, con quien estaban trabajando en el campo público y con las cañerías de la entreverada cañería Michoacana, la estabilidad. Vallejo, alegando correctamente que la ley estaba de su lado, se impuso a Osorio Chong, quien no utilizó ningún recurso del Estado para canjear las ambiciones personales por la pacificación de Michoacán.

¿Por qué regresó? Nadie puede dar, con solidez, una respuesta. Lo que provocó fue el desmantelamiento del poco andamiaje que se había construido y un cambio de dirección en las tácticas y estrategias militares que corrían paralelamente al poder civil, en Michoacán. Pero en algo tiene razón Vallejo. Hoy le hacen más caso que nunca, por eso lo hicieron a un lado, lo mantienen como carátula legal de una solución extraordinaria en el estado, como un gobernador que ya murió políticamente aunque no quiera darse cuenta.

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