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Opinión

Reguetón, la voz de la calle

Animal social

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Por Alma Rubí Cantú

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Vivimos inmersos en un universo sonoro, la música es un acto cultural de comunicación, un reflejo de la sociedad y, a su vez, influye en ella. Hoy hablaré de reguetón, por lo cual me disculpo anticipadamente con mis ocho o nueve lectores.

El reguetón nació en los años 80 como un género musical clandestino, una denuncia social, la voz de la oralidad y de la violencia de la calle, la expresión de ciertos sectores marginados “subalternos”, los estigmatizados por la pobreza y el clasismo. Eran canciones de protesta de Puerto Rico y Panamá sobre quimeras sociales —fallidas en su mayoría—. El reguetón es, al día de hoy, un género que evolucionó hasta convertirse en un choque, el cual rompe el pudor con sus letras crudas, donde no tiene cabida la humildad. Expresión ofensiva y soez; desde un punto de vista textual, sus letras —la mayoría de veces— disruptivamente hablan de sexo y de una violencia de forma explícita, convierte a las mujeres en un instrumento sexual y fomentan un machismo que ya existe y se ve justificado así. Esta lírica transforma la relación de pareja y el amor en una burla descarada; una imagen de descarnada materialidad, la cual calza perfectamente con una generación millennial, indolente y hedonista.

El reguetón se ha convertido en un grito de rebeldía de este nuevo siglo, el cantar de los pobres y las masas, en la voz de la calle: un lenguaje desnudo, directo, sin adornos, ni rodeos, una expresión de desmedida impudicia y en enemistad con el diccionario.

Niños y adolescentes escuchan y corean las canciones de reguetón a todas horas, en las estaciones de radio juveniles las reproducen sádicamente una y otra vez; sin perder el ritmo pegadizo, le dan a la juventud una visión distorsionada del amor y del sexo. El perreo es el lenguaje universal del placer, temblores de sensualidad y relegación, el vaivén de las caderas no argumenta ningún tipo de ideología, creencia o condición social, solo carne y lascivia.

Estamos ante un tema que provoca desacuerdos sociales y ha suscitado polémicos debates; entre censurar las canciones del género y coartar la libertad de expresión se vislumbra un efecto contraproducente: aumentar su popularidad.

Genero ubicuo, sus intérpretes son ídolos de adolescentes, imponen moda, costumbres, una nueva jerga en el idioma de la juventud; los cambios sociales conllevan a cambios en los usos del lenguaje.

La música tiene un papel importante en la sociedad. Es un medio generador de cambio en las personas porque transmite mensajes a través del lenguaje de poder; así, el reguetón se ha convertido en una manifestación de la historia oral contemporánea que, gracias a la tecnología mediática se difunde de forma masiva en los medios de comunicación.

¿Repercute el lenguaje en la conducta? La respuesta es sí; por tal motivo, sería deseable buscar alternativas, para lograr cambios, pues desconocemos de qué forma el emitir mensajes machistas, con la infancia como receptora, repercutirá en una sociedad. Con ello estamos hablando de un problema de desigualdad, de apología de la violencia hacia las mujeres, un hecho con el cual los menores de edad se están familiarizando y puede afectar negativamente en los roles que asumirán en el futuro.

La juventud puede poner distancia, si tiene un espíritu crítico y hace su propia interpretación. Cantar y bailar reguetón no es una razón de peso para dudar de la calidad moral de un adolescente y ello no le decreta un futuro lleno de violencia de género, pero, para evitar lo último, debemos fortalecer sus valores y criterios.

¿Prohibir el reguetón? Imposible. No hay forma, está aquí, por todos lados y hay reguetón para rato. Recordemos que lo mismo se decía hace medio siglo del ahora muy respetable rock’n roll.

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