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Respuestas a la caída de Peña Nieto

ESTRICTAMENTE PERSONAL

El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, encontró la razón de la caída de la aprobación del presidente Enrique Peña Nieto. No es la economía, ni la seguridad, que son las angustias que más reflejan los mexicanos, sino porque cree que el mensaje presidencial no está siendo transmitido adecuadamente en el país. Ya no quiere una desaprobación de 49% contra un 45% de aprobación como se encuentra el Presidente en la encuesta de encuestas del último trimestre, y comenzó un ajuste dentro del gobierno para modificar la tendencia, que lo puede llevar a un enfrentamiento con gobernadores priistas, y sin garantía de éxito en el objetivo.

Osorio Chong quiere reconstruir el andamiaje político de arranque de sexenio, y modificar aquellas medidas que no funcionaron. Una de ellas, quizás la principal de acuerdo a las acciones recientes del secretario -porque afecta al Presidente-, es haberle otorgado a los gobernadores del PRI un poder que nunca habían tenido, al concederles el nombramiento y control de los delegados federales, cuya subordinación a ellos, sugiere, es una de las causas que produjeron la caída en la aprobación presidencial.

Los delegados federales son los enlaces que tiene un gobierno estatal con la ciudad de México. Son los embajadores que ven la asignación y aplicación de presupuestos, y gestores de los mandatarios estatales. También son supervisores y contralores políticos, en una especie de comisariato que responde –en teoría- a los intereses del gobierno federal por encima del local. En los gobiernos del PRI –antes de Peña Nieto-, los delegados llegaron a manejar incluso presupuestos sociales, que les quitaron poder a los gobernadores al no ser ellos quienes manejaban el clientelismo y al corporativismo.

Esa innovación la hizo el ex presidente Carlos Salinas, cuando al crear el Programa de Solidaridad, los delegados de la Secretaría de Desarrollo Social fueron quienes recibían y distribuían los dineros, no los gobernadores, con lo cual se creó un poder paralelo que le restaba poder y capacidad de maniobra a los mandatarios estatales. Los priistas tenían delegados priistas, pero una regla no escrita era que ningún delegado podía serlo en su propio estado, para evitar que utilizaran los presupuestos para sus fines personales, o que los gobernadores, a través de ellos, hicieran política electoral. En los gobiernos de Felipe Calderón y Vicente Fox, se sustituyeron todos los delegados priistas por panistas.

En el actual, la responsabilidad de nombrar a los delegados recayó en Osorio Chong, quien tardó meses en relevar a los panistas con priistas, lo que le generó críticas entre los gobernadores que experimentaron sabotajes en la aplicación de los recursos. Uno de ellos llegó a decir que uno de los problemas que enfrentaría Peña Nieto era que las partes operativas de su gobierno estaban en manos de los calderonistas. Después de más de ocho meses de gobierno, Osorio Chong comenzó al relevo de delegados y modificó también la arquitectura política de ellos, al permitir que los gobernadores del PRI pusieran como delegados, a quienes ellos quisieran.

Lo que hizo Osorio Chong fue descentralizar el poder. Era una muy buena iniciativa, propia de una sociedad que quiere consolidar sus prácticas democráticas, pero que al enfrentarse con las realidades de la sociedad política, que lo que busca es restaurar sus prácticas autoritarias en una nueva era del PRI, volvió a reimplantar candados. El diagnóstico explícito de Osorio Chong es que compartir el poder no sólo no funcionó, sino que afectó directamente a la imagen presidencial. Ante ello, Osorio Chong llamó a los delegados federales priistas para confrontarlos y exigirles lealtad insustituible con el presidente Peña Nieto, no con sus gobernadores. Es decir, la solución que encontró no fue profundizar la descentralización del poder y encontrar sus mecanismos de regulación, sino retomarlo completamente.

Delegados que estuvieron en las reuniones con Osorio Chong, revelaron que el secretario fue muy duro con ellos. "Ustedes trabajan para el presidente Peña Nieto, no para sus gobernadores", citó uno de ellos al secretario. "Y si quieren ir a decirle a su gobernador lo que les acabo de comentar, vayan y acúsenme", añadió el delegado en su recolección de los dichos del secretario. Las razones de ese cambio drástico, les dijo, era la caída en la aprobación presidencial como resultado que se hablaba poco de los logros de Peña Nieto y mucho de los logros de los gobernadores.

Adiós al experimento democrático de la descentralización del poder, a decir del recuento de los delegados. Los controles volvieron a instalarse sobre los delegados federales, bajo el supuesto de que al volver a alinear su mensaje a la gestión del Presidente, se modificará la tendencia a la baja en las encuestas. Este ajuste no necesariamente tendrá éxito. Por un lado, los gobernadores priistas sentirán la bota de Gobernación sobre su cabeza, que generará, cuando menos, tensiones. Por el otro, se asume que el problema es de mensajeros, no del mensaje presidencial, que cada vez se ve más claro que ese, y no otro, es el problema que afecta seriamente la percepción sobre Peña Nieto.