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Retos y tareas de la izquierda

La complejidad de la vida nacional exige a los actores políticos definiciones y propuestas claras para resolver los problemas del país, especialmente a la izquierda en su conjunto y en particular al PRD como el principal partido de este espectro político.

Durante un año (dic 2012 - dic 2013) participamos en un esfuerzo inédito, el Pacto por México, mediante el cual expresamos nuestra voluntad de construir acuerdos y reformas urgentes y trascendentales en todos los terrenos. Ello pese a las voces de sectores, tanto de la izquierda como de la derecha, que nos acusaron y siguen acusando de traicionar al pueblo y al país.

El PRD ha querido dejar constancia de que somos una izquierda responsable, dispuesta a sentarse con nuestros adversarios poniendo por delante nuestra voluntad reformadora para superar la falta de crecimiento económico y de generación de empleos, para revertir la desigualdad social y la pobreza, así como las arcaicas estructuras del régimen, abriendo cauces para una participación directa de la sociedad en las grandes decisiones nacionales. Es decir, para fortalecer las instituciones del Estado mexicano.

No podía ser de otra manera por parte de una fuerza política que gobierna en 5 entidades y cerca de 400 municipios en los cuales viven más de 25 millones de personas, mismas que son nuestra preocupación fundamental.

Y como no actuamos con egoísmo partidista nos hacemos cargo de los asuntos de todo el país, aún cuando somos oposición nacional, ya que no apostamos al agudizamiento de los problemas ni al caos para que algún día haya un "alzamiento revolucionario". Esos pretendidos escenarios traen mayores sufrimientos a la gente, como lo estamos viendo en Michoacán.

Además, en el momento en que lleguemos al gobierno nacional requeriremos del acuerdo responsable de quienes estén en la oposición.

Así sucede en las entidades donde gobernamos: buscamos incorporar a las fuerzas opositoras a la toma de decisiones.

Ahora bien, la muerte del Pacto fue principalmente responsabilidad del gobierno priísta de EPN, que privilegió sus acuerdos bilaterales con el PAN para desmantelar al sector energético y la propiedad soberana de la nación al entregarlas a manos privadas en detrimento de las finanzas públicas, de nuestra seguridad energética y del papel rector del Estado en estos sectores.

Por eso esas reformas deben ser revertidas mediante la decisión soberana de los electores en una consulta popular en el 2015. Los mismos que reformaron la Constitución, con nuestro voto en contra, no deben oponerse a que la gente decida el futuro energético de nuestra patria.

Las democracias modernas tienen la capacidad de combinar con inteligencia y responsabilidad las formas de democracia representativa (legisladores y gobernantes), con las figuras de la democracia directa y participativa, como es el referéndum. Ambas son instrumentos de nuestro régimen republicano, al mismo tiempo, que su utilización adecuada son formas de lucha que debe impulsar la izquierda democrática.

La consulta popular es un instrumento institucional para resolver democráticamente los diferendos sobre temas de trascendencia nacional. Quienes se oponen a ella, por temor a perder una consulta, sólo evidencian que no tienen convicciones democráticas y, en el caso de EPN, no hacer de la Presidencia una institución democrática, sino autoritaria. O desde la izquierda dizque "congruente y consecuente", sólo evidencian un egoísmo sectario e irresponsable y hacen con ello el juego a quienes dicen combatir.

Por eso el PRD seguirá apostando al diálogo constructivo y cuando sea necesario continuaremos levantando nuestra voz disidente y opositora en los temas que afecten al país.

La vía es la transformación de las instituciones con los instrumentos de las propias instituciones, no la vía de los falsos profetas, así actúen desde la presidencia autoritaria o desde la oposición mesiánica.

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