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EDUCACIÓN, HOY

La prudencia es la virtud de actuar en forma justa, adecuada y con cautela. También se entiende como el arte de comunicarse con los demás por medio de un lenguaje claro, literal y preciso, así como actuar respetando los sentimientos, vida y libertades de las demás personas. El concepto y significado de la prudencia en estos días, requiere ser revisado para trasladarlo a todos los sectores de la vida cotidiana y en particular a cada uno de nuestros hogares. Se cree, sin razón, que a mayor edad aparecen automáticamente las virtudes humanas y que por eso es intranscendente inculcar principios precautorios sólidos en niños y jóvenes, pues ellos con el tiempo aprenderán a comportarse adecuadamente a través de sus experiencias. También se dice, de manera infundada, que arriesgarse implica ganar y por ello muchas acciones temerarias son repetidas insensatamente por aprendices de mercaderes dispuestos a perder todo por nada en un contexto en donde la frivolidad campea y la inconsciencia reina. Cultivar el arte de la prudencia es un ejercicio largo y diario que permite al ser humano distinguir entre la necedad y la perseverancia; la cordura de la insensatez y el equilibrio de la desmesura. Un ser humano prudente y cauto es producto de un sinnúmero de ensayos y errores vividos por él pero también por él aprendidos en muchas ocasiones gracias a la activación de la reflexión. Si bien es cierto, la imprudencia es el resultado de la ceguera temporal y del apasionamiento propio de los impulsos desbocados, también es cierto que existen mecanismos gratuitos en cada uno de nosotros para colocar en su lugar tales desórdenes y aprender de ellos. Desafortunadamente, la prudencia requiere ser sembrada, cultivada y atendida con determinación y constancia. Estoy seguro que los altos índices de obesidad, analfabetismo funcional, accidentes de tránsito y corrupción serían menores en nuestra sociedad si la virtud de ser prudente se hubiera atendido como se debe en las familias hace 20 años. Las muestras de imprudencia ganaron más de tres a uno en estas dos décadas y hoy los maestros tenemos la oportunidad de corregir el rumbo con nuestro trabajo, pues ser prudente es lo único que nos permite ver con seguridad hacia adelante. VALE.

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