Opinión

¿Por qué el enojo de López Obrador?

ITINERARIO POLÍTICO

Por  Ricardo Alemán

Presidente Andrés Manuel López Obrador.(Cuartoscuro)

Presidente Andrés Manuel López Obrador. | Cuartoscuro

El enojo del presidente está a la vista de todos.

Todos los días lanza misiles contra sus críticos, contra quienes lo cuestionan, contra aquellos que le dicen que es una tontería lo que hace y todo lo que dice.

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Todos los días descalifica a los expertos; todos los días desconoce y manda “al carajo” la realidad y todos los días miente y engaña a los ciudadanos.

Leer más: ¡Se los dije, es un fraude de Estado!

Aún así, todos los días “vuelve a la carga” con el mismo cuento, con la mentira, el engaño, la difamación y la calumnia.

Y es que el mal humor del mandatario no solo se ve en sus palabras, sino en su lenguaje corporal.

Enojo en el cuerpo del presidente, más allá de las palabras que muestran la indignación del fracaso y de un Gobierno fallido que es visible no solo por los mexicanos, sino por el mundo entero.

Incluso, a López Obrador ya no le importan las formas y menos “el qué dirán” los ciudadanos.

A López ya no le importan nada los montajes y menos le importa guardar las formas y engañar a los críticos.

Y es que “lo de hoy” para el presidente Obrador es el cinismo, el valemadrismo y, sobre todo, caminar desnudo.

Sí, AMLO ya olvidó la simulación que, por décadas, fue una de sus mayores y más aplaudidos atributos, y camina desnudo, sin ropa que oculte que es una fea botarga.

Y tampoco le importa aparentar que respeta la Constitución y “las leyes que de ella emanan”.

Y menos paga con un elogio público a sus aplaudidores.

Y es que, sobre todo, cada día que se suma a la historia del presidente Obrador, el mandatario se muestra más intolerante frente a quienes “vendieron su alma al diablo” para defenderlo, para convertirse en sus incondicionales, a pesar de que dieron todo por defender lo indefendible.

Pero, además, y, por si fuera poco, AMLO empieza a patear la puerta de quienes fueron sus aliados --entre el empresariado del país--, y hasta llega al extremo de amenazar y pedir la cabeza de reputados comunicadores, como el caso de Ciro Gómez Leyva.

Y es que hay que repetirlo las veces que sea necesario: el presidente López Obrador ya se exhibe desnudo, sin pudor, cual dictador bananero.

Y, por ejemplo, ante un proceso electoral que amenaza con quitarle el poder absoluto en San Lázaro, el presidente Obrador está enojado, irritado y fuera de sus cabales, ante la posibilidad de que la política y las elecciones del 6 de junio próximo no resulten como lo pensó, lo planeó y lo imaginó.

Y por eso López “patea” a sus lacayos más sumisos, como Ricardo Raphael, el articulista de Milenio que dedicó años alabando, defendiendo, aplaudiendo y lamiendo las botas de Obrador y a quien hoy, el presidente patea, escupe y manda al diablo.

Triste papel de Ricardo Raphael quien cometió el “pecado capital” de cuestionar el autoritarismo de su “amado” López Obrador.

Lo cierto es que Raphael nunca entendió que su admirado López es un dictador bananero que tarde o temprano lo mandaría al bote de basura.

Pero el enojo presidencial llegó más lejos.

Resulta que en su “diarrea” mañanera de insultos, difamaciones y calumnias, el presidente lanzó el mayor insulto y la mayor agresión contra uno de sus aliados clave, la familia Vázquez Aldir.

En efecto, ayer miércoles, AMLO se lanzó contra los reputados empresarios dueños del Grupo Imagen, de los hoteles Camino Real y los hospitales Ángeles, a quienes difamó y calumnió.

Negociantes que viven de las cárceles y que no se atreven a bajar sus precios, según el tirano López.

Y todo para llegar al también reputado periodista Ciro Gómez Leyva, a quien el presidente calumnió y difamó; a quien acusó de recibir dinero del Gobierno y de los negocios de la familia Vázquez Raña y Vázquez Aldir.

En el fondo, lo que vieron y percibieron los mexicanos en la mañanera de ayer miércoles, fue una amenaza y una intimidación del poder presidencial contra uno de los periodistas más profesionales y reconocidos de México: Ciro Gómez Leyva.

Leer más: Las manos del presidente

Por eso la pregunta.

¿Hasta cuándo?

¿Quién se atreverá a poner en su lugar al loco de Palacio?

Al tiempo.

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