Opinión

¡Presidente, pare de mentir y de violar la Constitución…!

ITINERARIO POLÍTICO

Por  Ricardo Alemán

No, aquí no pretendemos violentar la moral del presidente mexicano. Lo cierto es que cuando exigimos que Obrador “pare de mentir” y “respete la Constitución” es porque el presidente juró respetar la Carta Magna y sus leyes.

Y es que cuando Obrador habla en las mañaneras y en el país, el que habla es el presidente de los mexicanos. Por eso, en tanto mandatario al que los mandantes llevaron al cargo de presidente, Obrador se debe conducir con verdad, honestidad y apego a la Constitución y sus leyes: como la educativa.

Sin embargo, los hechos demuestran todo lo contrario.

Todos los días el presidente miente; todos los días difama, insulta y calumnia, no solo a periodistas y medios, sino a empresarios, políticos y servidores públicos.

Lo grave es que el poder absoluto que ha concentrado el presidente lo aleja día con día de la realidad y lo muestra, no como jefe de las instituciones democráticas, sino como el tirano de una vulgar dictadura bananera; virreyzuelo que cree en el gesto autoritario de “¡hágase!”, sin importar la ley.

Más, López Obrador convirtió en caricatura su promesa de “no mentir y no robar”. ¿Por qué?

Porque todos los días miente –según distintas empresas que miden sus discursos mañaneros y la veracidad de ellos–, y por lo menos 40 por ciento de sus dichos son falsos o verdades a medias.

Y no se digan los 50 puntos que Obrador anunció contra la corrupción, y que son otra caricatura de un Gobierno autócrata, en el que ocho de cada 10 contratos se entregan sin licitación y en el que abundan los cuates y las cuotas.

Y de seguir con los números que hoy muestra su récord de mentiras, el presidente mexicano pronto será campeón mundial de la mentira, arriba del presidente Trump y del expresidente Bush –de Estados Unidos–; dos grandes mentirosos de la historia reciente.

Y si dudan del elevado nivel de mentiras de Obrador, vale recordar que mintió cuando se enfrentó al periodista Jorge Ramos –sobre el número de muertes violentas en su Gobierno–; mintió cuando habló de las estaciones de gasolina en donde supuestamente era más barato el combustible; mintió sobre el número de empleos creados en su Gobierno y sobre la amenaza a periodistas.

Pero ayer, luego de las mentiras mañaneras, el presidente Obrador cometió una de las mayores violaciones constitucionales y, al mismo tiempo, formuló una de las mayores mentiras; mentira que lo confirma como dictador.

Resulta que por la vía “de un memorándum” Obrador desapareció los Poderes Legislativo y Judicial y promovió una de las mayores violaciones constitucionales que haya impulsado presidente alguno.

¿La mayor violación constitucional?

En efecto, el presidente “firmó un memorándum” en el que instruye a distintas dependencias federales –SEP, Segob y SHCP–, a violentar la Constitución y sus leyes –leyes educativas–, aprobadas por el Congreso.

¿Recuerdan la toma de protesta de AMLO ante el Congreso?

Sí, prometió respetar y hacer respetar la Constitución y sus leyes. Hoy falta a ese mandato Constitucional y, por tanto, el Congreso debe exigir su destitución por “traición a la patria”, en tanto los secretarios de Estado que lleven a cabo lo propuesto por el presidente en el memorándum deben ser llevados a juicio político.     

Es decir, el presidente pasa por alto al Congreso y a la Corte –y por ello viola la Constitución–, para matar la reforma educativa de Peña Nieto; toda una maniobra para la cual contó con la complicidad de la mafiosa CNTE.

En realidad asistimos a un grosero montaje dictatorial en el que la CNTE fue inflexible en el Congreso, lo cual le dio a Obrador el pretexto de pasar por alto a los Poderes Legislativo y Judicial y se convirtió en virtual rey; que hace y deshace, sin contrapeso alguno.

Y, también por eso, el Congreso debe iniciar la destitución del presidente Obrador, por incitar a su Gobierno a violar la Constitución; toda un “sabadazo de Semana Santa”.

Por eso las preguntas. ¿Dónde están los partidos opositores? ¿Dónde la crítica de intelectuales y opinantes; dónde los académicos y estudiosos de la democracia?

Está claro que arrancó la destrucción de la democracia mexicana y que son muchos los que, por omisión, ceguera y comisión, serán responsables.

Al tiempo.