Opinión

¡La rifa del avión y el “engañabobos”!

ITINERARIO POLÍTICO

Por  Ricardo Alemán

Para nadie es nuevo que uno de los grandes mentirosos de la historia mexicanos se llama Andrés Manuel López Obrador.

Y la mejor prueba de ello es que el entonces candidato y hoy presidente fue capaz de engatusar a 30 millones de ciudadanos que creyeron en una atractiva montaña de promesas que, al concluir el primer año de gestión, resultaron una montaña de mentiras.

Tampoco es nuevo que esa “chabacana” y “tropical” versión del “encantador se serpientes” es maestro de la simulación y la impostura y que, como pocos, maneja las fibras más sensibles de los ciudadanos hasta lograr la polarización entre ricos y pobres, buenos y malos, honestos y deshonestos, conservadores y liberales…

Lo que pocos saben, sin embargo, es que López Obrador también es un maestro para exacerbar lo más profundo de las ambiciones humanas, como la ambición de poder y la codicia económica.

Es capaz, incluso, de doblar las potentes convicciones de sus más severos críticos y antagonistas –como fue el caso de Germán Martínez–, con solo regalar una pequeña rebanada de poder.

A otros los obliga “a comer en su mano” con una dádiva llamada beca, en tanto que a los grandes empresarios los mantiene a raya con lo más acabado de la corrupción; la entrega de contratos sin licitación.

Incluso ya es un escándalo internacional de corrupción que un gobierno, como el de López Obrador, sea capaz de entregar hasta el 80 por ciento de todos los contratos millonarios del Estado, sin la menor licitación, a los distintos grupos empresariales, lo que también es una poderosa herramienta de sometimiento y control político.

Pero la eficacia del control político y del sometimiento absoluto a través de la exaltación de la codicia alcanza, de igual manera, a otros influyentes espacios de poder, como las siempre institucionales fuerzas castrenses.

La novedad en el gobierno de López Obrador es que militares y marinos ya no combaten al crimen y menos a los criminales. No, lo cierto es que hoy, militares y marinos pelean por contratos de obras públicas.

De esa manera, los generales de 5 estrellas se han convertido en contratistas y constructores, mientras que la tropa trabaja como albañiles en la edificación del aeropuerto de Santa Lucía, de carreteras y miles de sucursales bancarias, por todo el país.

Es decir, que a través de la exacerbación de la ambición política y la codicia del dinero público –el que se dilapida cual fortuna propia–, López Obrador somete lo mismo a empresarios, que generales de cinco estrellas, dueños de medios, intelectuales, políticos, periodistas y críticos.

Y precisamente en esa categoría se puede colocar la “genialidad engañabobos” de la rifa del avión presidencial.

Y resulta “una genialidad” precisamente porque hasta hoy a nadie se le había ocurrido un despropósito de tamaño estulticia.

¿Quién no querría poseer un avión privado de millones de dólares –que no posee casi ningún mortal en el mundo–, con la compra de “un cachito de la Lotería? ¿Quién no quisiera ser dueño de un avión privado –un avión que no tiene ni Obama–, a cambio de desembolsar solo 500 pesos?

Está claro que “la genialidad” de López Obrador de rifar el avión presidencial entre seis millones de mexicanos pega justo en la exaltación de la codicia colectiva.

¿Cuántos millones de mexicanos apuestan –semana a semana–, su futuro al juego de La Lotería mediante la compra de “un cachito” del sorteo?

Por eso, porque la posibilidad de ganar un avión con solo el desembolso de 500 pesos desata la codicia de millones de mexicanos, a nadie debiera sorprender que, literalmente, volaran los seis millones de boletos previstos para la eventual “rifa” del avión presidencial.

Todo ello sin importar la montaña de incongruencias, absurdos mentiras que lleva aparejada “la rifa” de un avión que, por pura casualidad, no le pertenece ni al Gobierno de México ni al presidente Obrador.

¿Entonces qué es lo que va a rifar el presidente mexicano?

¡Ese es el fondo del asunto!

Asistimos a un circo bien diseñado –igual que todas las mentiras del candidato Obrador–, que busca desviar la atención de millones de mexicanos que, al mismo tiempo, olvidarán “el crimen de lesa humanidad” que comete el gobierno de AMLO con la salud de los ciudadanos más pobres; olvidarán las violaciones constitucionales para apoderarse de la Corte y no se percatarán de la dictatorial reforma judicial que acabará con la democracia toda.

¡Que siga el circo, total, hay 30 millones de payasos! ¿O no?

Al tiempo.

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