Opinión

De lo económico

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

El columnista Miltón Rojo publicó: “…si la tierra se mueve y se abre… me voy a mi cueva” (Portal Línea Directa). Para dibujar el aislamiento que debe seguirse en la epidemia del coronavirus y decretada por el gobierno federal. Siguiendo esa línea argumentativa, cabe decir que el cavernícola es el que vuelve a la cueva. El homo sapiens en su primera edición. Muchos hombres afuera de su hogar son violentos y luchan en el salvaje capitalismo por sobrevivir vendiendo lo único que tienen: su fuerza de trabajo. En este punto hay dos elementos a resaltar con el regreso a la casa: el económico y el social. Del primero hay que regresar a la acumulación originaria de Carlos Marx. Y como son tiempos de guardar y leer, van unas notas de su obra cumbre El Capital, del Capítulo XXIV del tomo 1. Para entender la explicación a lo que sale el ser humano en la jungla del capitalismo, por más que muchos adornen que es el espíritu de las leyes el que priva, sin duda, pero también son leyes la acumulación de capital y la plusvalía. Van unas notas de ese capítulo y de cómo se llega a no tener, otra cosa, que su trabajo para vender: 

DE LA ACUMULACIÓN ORIGINARIA (MARX)
“Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándolos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos –se nos dice–, había, de una parte, una minoría trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. Es cierto que la leyenda del pecado original teológico nos dice que el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su frente; pero la historia del pecado original económico nos revela por qué hay gente que no necesita sudar para comer. No importa. Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja. De este pecado original arranca la pobreza de la gran mayoría, que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabajan, no tienen nada que vender más que sus personas, y la riqueza de una minoría, riqueza que no cesa de crecer, aunque haga ya muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar. Estas niñerías insustanciales son las que M. Thiers, por ejemplo, sirve todavía, con el empaque y la seriedad de un hombre de Estado, a los franceses, en otro tiempo tan ingeniosos, en defensa de la propriété. Tan pronto como se plantea el problema de la propiedad, se convierte en un deber sacrosanto abrazar el punto de vista de la cartilla infantil, como el único que cuadra a todas las edades y a todos los períodos. Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavización, el robo y el asesinato; la violencia, en una palabra. En la dulce economía política, por el contrario, ha reinado siempre el idilio. Las únicas fuentes de riqueza han sido desde el primer momento la ley y el –trabajo– exceptuando siempre, naturalmente, –el año en curso–. Pero, en la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos.”

“Si el dinero, según Augier,"nace con manchas naturales de sangre en un carrillo" (Marie Augier, Du Crédit Public [París, 1842, p. 265]), el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies a la cabeza. (Anota Marx): "El capital (dice el Quarterly Reviewer) huye de los tumultos y las riñas y es tímido por naturaleza. Esto es verdad, pero no toda la verdad. El capital tiene horror a la ausencia de ganancia o a la ganancia demasiado pequeña, como la naturaleza tiene horror al vacío. Conforme aumenta la ganancia, el capital se envalentona.

Asegúresele un 10 por 100 y acudirá adonde sea; un 20 por 100, y se sentirá ya animado; con un 50 por 100, positivamente temerario; al 100 por 100, es capaz de saltar por encima de todas las leyes humanas; el 300 por 100, y no hay crimen a que no se arriesgue aunque arrostre el patíbulo. Si el tumulto y las riñas suponen ganancia, allí estará el capital encizañándolas. Prueba: el contrabando y la trata de esclavos." (P. J. Dunning, Trade–Unions, etc., p. 36.)”. 

El trabajador pues, no puede más que vender su propia fuerza de trabajo, y en estos momentos no tenderá quién se lo compre. Ya regresó a su hogar y los que ahí esperan quieren comer y que nadie los saque de la casa. Muchas mujeres salen a vender su fuerza de trabajo y regresan no a descansar al hogar. Sino a limpiarlo y preparar la comida. Ellas son explotadas doblemente. 

PÁRRAFOS: DE LO SOCIAL
En este punto es donde viene el otro problema del aislamiento. Las casas se vuelven un encierro. El machismo, la misoginia, la violencia de género, pueden detonar violentamente. Es un momento para que los ciudadanos de los dos géneros cuiden y preserven el respeto de los derechos humanos de todos: adultos y menores de edad. NADA justifica la violencia de un hombre con un menor de edad o una mujer. Si ese hombre no puede respetar los derechos de los infantes y la mujer que habitan en ese hogar, la ciudadana mujer debe luchar por defender sus derechos y proteger a los infantes. No estará sola, el Estado tiene la obligación de acompañarla. Los otros ciudadanos DEBEMOS estar atentos y solidarios con esa defensa. Cada vecino, colono, cada ciudadano que esté al lado, debe acudir y apoyar la defensa de cualquier víctima de violencia intrafamiliar o de género. Así y sólo así, se construye un México y un Sinaloa libre e igualitario, incluso en el capitalismo.

lecturas_eldebate@yahoo.com

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