Opinión

De lo pendiente y la queja

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

Cada año, en las últimas semanas, empiezan los pendientes. Enlistar lo que no se hizo. Son pocas veces las que se quiere, uno mismo, ver optimista, muchas prima el resentimiento. En lugar de recordar con alegría lo que sí estuvo. Duele, mucho, pensar en los que no están, pero no se piensa en todo lo que sonrieron con uno, en toda la alegría que sí se compartió. En los pequeños triunfos que fueron satisfacción. No. Se insiste en los pendientes. En lo por hacer el año que entra. Se pretende dejar de lado aquellos y aquello que no cumplió las expectativas. Quiero un trabajo que pague más. ¿Por qué? Acaso tienes un título profesional que valga más en el mercado. Quizá un conocimiento mayor que el del resto. O, estás dispuesto a todo por más dinero.

En el ámbito personal las quejas tocan a quienes se decide compartir algunas partes y aspectos de la vida. Mis profesores han sido malos. ¿Acaso leíste los libros completos en lugar de sólo unas páginas? ¿Decidiste investigar y leer cinco libros más de la materia? ¿Quizá fuiste a los clásicos y leíste en la fuente original? Luego, vienen quejas de aquellos con que se compartió tiempo en lo privado e íntimo. Familiares. Dignidades de interés. Los que llaman al deseo. En todos los casos, a veces hay lamento. Y el encomio de que el próximo año será mejor. Se buscará mejores personas. Se alejará las que hacen daño.

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De las alegrías

Porque no hacer un esfuerzo y pensar en lo que sí estuvo bien. En esa compañera de trabajo que pudo recuperar su hijo de un secuestro por extorsión gracias a la eficiencia de los grupos antisecuestros de la Fiscalía General de Sinaloa. En Alma y Felipe haciendo hasta lo imposible por mover inercias burocráticas y hacer caminar programas de manera eficiente y responsable. En la compañera de ruta Lorena Alvarez haciendo convergencia de muchos vectores políticos que sólo ella conoce. En Fausto y todo su equipo, aunque pequeño, eficiente y solidario, todos ellos han dado seguridad y certeza al trabajo en la educación pública. En ese compañero de la SEP del gobierno federal, Mario Chávez, que aceptó acompañar el reto de hacer talleres para promover la lectura e investigaciones en las escuelas normales. En ese admirado novelista, Elmer Mendoza, que acepta el reto de promover la lectura entre los estudiantes y profesores de las escuelas normales de Sinaloa, haciendo un ejercicio que podrá ser replicado en otras entidades del país. Por supuesto, en el agradecimiento al gobernador Quirino Ordaz y al amigo Juan Alfonso por la oportunidad de poder hacer todo eso en la educación pública.

Por supuesto, la alegría de haber podido ver a Patricia en diciembre pasado y este febrero para darle los últimos abrazos y besos. En el orgullo de saber a Yaritza en su Doctorado y atendiendo su agenda psicoterapéutica. El orgullo de saber que Santiago se tituló de Maestro en políticas públicas, y, para su examen, mi hermano dijo: “esas carnal, no se te olvide, se pasan solos”. E igual, orgullo y alegría saber que ahora está trabajando con el subsecretario de educación básica del gobierno federal, y, uno acá en Sinaloa, informando allá dónde está él. Y siempre, atento de ser el hermano grande de Riguito. Ver a Angela alegre con nuestro amado Riguito, sin dejar su exitosa y admirada carrera profesional. Observarla completa y contenta sentada con él desayunando, para llevarlo al kínder. Ver con satisfacción y dicha a Angela buscar con Riguito como echar a volar un dron con hélices. Y maravillarnos al verlo reírse a carcajadas, mientras él sí logra hacerlo volar. Sin duda, intuitivamente, pero lo hizo volar. La alegría y tranquilidad de ver las fotos y videoconferencias de María con Riguito cuándo Angela y yo estamos lejos. La alegría semanal de ver a alumnos leer el libro de la clase. El orgullo de presentarse como profesor de la UAS.

También, es el momento de agradecer con una sonrisa a los amigos que han tenido la dignidad de permitir y acompañar el viaje. A quienes estuvieron y están al lado, a pesar de las diferencias. La alegría cuándo en medio de una reunión burocrática llega una foto de Riguito en un terreno baldío recogiendo material de construcción vigilado por su nana. Esa foto que tomó la mano amiga y la envío por el espacio virtual, hace saber que él, ese y muchos más momentos, está al cuidado, aunque uno esté lejos. La satisfacción de ver a la querida Guadalupe descubriendo su ruta académica. Escuchar su sonrisa, ver su orgullo de saberse aprendiendo, con alegría, observarla en el camino de su construcción profesional. En fin, en estas últimas semanas del año hay que saber recordar y aquilatar todos esos momentos que nos dieron dicha, risas, satisfacción, autoestima, tranquilidad, calma. Fueron muchos. No se puede dejar de lado esa parte de la historia personal. Incluso con aquellos que se discute, hubo momentos de risa y coincidencia, proyectos que se comparten.

Párrafos: Del ahora

En ese sentido, hay que hacer el recuento de todos esos momentos en los que uno mismo estuvo bien y satisfecho en el planeta. En los que se hizo en el aquí y ahora fue recibido por los otros con ese imposible amor, placer, alegría, agradecimiento, orgullo, fuerzas, sonrisas, abrazos, esperanza, camaradería, compañía.

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