Opinión

De primer periodo ordinario de sesiones

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

Hace 13 meses exactamente, en los últimos días de la Presidencia de Enrique Peña Nieto, en Lecturas EL DEBATE, se retomó una parte de un texto académico publicado en septiembre 1997, fecha en que un presidente de la República, emanado del PRI, perdió por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados. A unos días de que el Congreso de Sinaloa de por iniciado, en el año de ejercicio constitucional, el primer periodo ordinario de sesiones, el 1° de octubre, vale la pena volver a releer estos apuntes. Sobre todo habida cuenta que a la letra el artículo 37 de la Constitución de Sinaloa establece: 

“En el primer período ordinario de sesiones, el Congreso se ocupará de analizar, discutir y, en su caso, modificar y aprobar la Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos del Estado y las Leyes de Ingresos de los Municipios, para lo cual deberán ser presentados los proyectos respectivos a más tardar el último sábado del mes de noviembre de cada año, a efecto de que puedan regir a partir del primero de enero inmediato. En tanto no se aprueben las nuevas, se tendrán por prorrogadas las correspondientes al año anterior…”. 

DE COHABITACIÓN POLÍTICA
Van pues las notas de Lecturas del 8 de agosto de 2018: Los resultados de la elección local 2018 dejaran una cohabitación política en Sinaloa: PRI, en el Ejecutivo, y, Morena en el Congreso local y las alcaldías. En 1997, se publicó un texto sobre este concepto que se utiliza en la ciencia política. En Sinaloa habrá este tipo de ejercicio de la representación política. Van estas líneas para aderezar el análisis de lo que viene en la escena política local:

“La cohabitación se define de manera corriente como el estado por medio del cual dos personas de un sexo diferente viven juntas. Si trasladamos esta situación a un escenario político podemos definir a la cohabitación como la circunstancia en la que un presidente de la República y la mayoría del Congreso son de orientación diferente y coexisten en un mismo periodo de tiempo. Cabe agregar que esta cohabitación se desarrolla bajo la jurisdicción de una Constitución y de una República específicas y es aceptada por las partes opositoras (COHENDET, Marie-Anne; La cohabitation, leçons d’une expériencie; PUF; Paris, 1993). La cohabitación política se caracteriza por el antagonismo entre dos representantes de la ciudadanía. En cualquier régimen que exista una separación de poderes se puede presentar una situación de cohabitación política, es decir en regímenes en donde el Ejecutivo y el Legislativo se encuentran personificados por órganos políticos diferentes y existe la posibilidad de que entre ellos se puedan frenar mutuamente (COHENDET, Marie-Anne, Ibid.). 

En la medida en que la cohabitación política está definida por el antagonismo político entre dos diferentes representantes (legítimos por la vía del voto democrático) es imposible que se presente en regímenes autoritarios o totalitarios, ya que estos excluyen por definición el pluralismo. Es decir, procesos electorales no democráticos, de ninguna manera podrán dar como resultado una diferencia de orientación política entre el Ejecutivo y el Legislativo. La cohabitación política se caracteriza por una dualidad en ejercicio del poder, dualidad que presenta a dos mandatarios del sufragio universal, ambos depositarios de la soberanía nacional: el Congreso y el presidente (Constitución mexicana).

Los elementos necesarios para llegar a una cohabitación política son: en primer lugar, la posibilidad constitucional de dos representantes de formaciones políticas diferentes, electos por sufragio universal, a la cabeza del Legislativo y del Ejecutivo. Es decir, un presidente de un partido y una mayoría en el Congreso de un partido diferente al del presidente. En segundo lugar, es necesaria la permanencia de un arreglo parlamentario en donde las decisiones legislativas se diriman a la mayoría de votación. En tercer lugar, la cohabitación política es posible sólo si en un mismo espacio de tiempo la regla constitucional permite la coexistencia de dos depositarios de la soberanía nacional. En cuarto lugar, es necesario un arreglo constitucional que permita a los dos poderes, el Ejecutivo y el Legislativo, estar facultados para ejercer funciones ejecutivas reales. Finalmente, en un régimen democrático, con una división de poderes real, no hay posibilidades de que Ejecutivo y Legislativo pongan fin uno a la existencia del otro; es decir, existe una responsabilidad del Ejecutivo ante el Legislativo y una coexistencia de este último con el primero en el arreglo constitucional…”

PÁRRAFOS: DE ALTERNATIVAS DEL GOBERNANTE 
“Finalmente, la posibilidad, para el presidente, de ejercer más o menos ampliamente sus poderes, dependerá muy considerablemente de la imagen que los ciudadanos tengan de la función del jefe del Estado.

Esto nos lleva a concluir que para un presidente en una situación de cohabitación queda una alternativa política con cuatro escenarios: dimitir, someterse, jugar a los equilibrios o violentar la legalidad” (Ocampo, Rigoberto; “Consolidación democrática y cohabitación política en México”, en Arenas N° 2; Universidad Autónoma de Sinaloa; Abril-Septiembre 1997, México). Hoy, en Sinaloa, faltan sólo 23 días para el inicio del segundo año de la LXIII Legislatura del Congreso local, y, para el inicio de su primer periodo ordinario de sesiones.

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