Opinión

De representación política

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

En la política hay un elemento indiscutible: el representante está investido de poder. Puede ser el ganador de una elección, por ejemplo, un gobernador, un diputado, senador, alcalde, regidor o síndico procurador. En el caso de los titulares de órganos autónomos está la fuente de representación en quién los designa, generalmente la mayoría calificada del Congreso. Luego, están las universidades autónomas, que tienen ese carácter a partir de lo que dicta el artículo tercero constitucional. Después, están los organismos sindicales, que obtienen su representación a partir de los estatutos que tienen registrados ante las diversas instancias del Estado. 

En todos los casos, quien detenta la representación tiene un poder que se manifiesta a través de administrar recursos de los otros. Pueden ser impuestos, presupuestos, cuotas, fondos internacionales, incluso, deuda. Es decir, un representante puede pedir un crédito para hacer gastos de la institución que representa. Estos pueden ser para sus representados o para obras que propone serán utilizadas por ellos. Por ejemplo, el rector de una universidad autónoma puede pedir un préstamo para cubrir salarios, debido a retrasos presupuestales. O bien, un líder sindical puede pedir un préstamo para edificar un edificio, con el respaldo de cuotas futuras de los agremiados. 

En todos los casos, los representantes tienen legitimidad para esto en uso de su poder: Firmar las negociaciones salariales o contractuales los secretarios generales de los sindicatos. Fijar un presupuesto anual los rectores de universidades autónomas. Acordar los montos de financiamiento público y privado de los partidos políticos los presidentes y consejeros de los órganos autónomos electorales. Entregar al Congreso de la Unión y locales la Ley de Ingresos (impuestos) y Egresos del Estado (gasto público) el presidente de la República y los gobernadores.

Presentar a los cabildos los ingresos y gastos anuales del ayuntamiento los presidentes municipales. Entregar al Congreso su presupuesto para la procuración de justicia el Supremo Tribunal de Justicia del Estado.

DE LÍMITE DE LA REPRESENTACIÓN EN LA DEMOCRACIA
Esta facultad de poder sobre los otros es un elemento consustancial a la representación. En una sociedad democrática la representación tiene un doble elemento de contención: los mecanismos de rendición de cuentas y la posibilidad de alternancia. En todos los casos, cuando es un régimen democrático, hay un término para una gestión de representación. Para un gobernador seis años, un diputado tres años, un senador seis años, un presidente municipal tres años. Un presidente de órgano electoral siete años. El secretario general de un sindicato tiene un periodo de cierto número de años, después de ese plazo pasa a un proceso de elección. Sin duda en todos los procesos electivos deben regularse para que cuente con los fundamentos democráticos: libertad, igualdad y mayoría. En cualquier proceso de cambio de un representante deben estar estos tres elementos para que quién detenta la representación ostente el poder democráticamente. En caso contrario es un régimen autoritario. 

La intermediación de los intereses pasa obligadamente por quien detenta la representación. Un empresario puede querer ser quien ejecute una obra pública, pero debe observarse un procedimiento de adquisición para que le sea adjudicada. Un grupo de trabajadores puede querer tener un mejor nivel salarial, pero debe ser el secretario general del sindicato el que haga la negociación con el dueño de la empresa o entidad pública en donde labora ese grupo. Un abogado puede querer ganar el caso que le encargó un cliente, pero es el juez y el magistrado si hay un recurso, quienes determinan si gana o no. El candidato de un partido debe de cumplir ciertas reglas electorales, en caso de no observarlas. Llega incluso a perderse una elección, ganada por mayoría de votos, pues el tribunal electoral puede juzgar, ante la falta de observancia de las reglas, que se quebrantó la equidad en la competencia electoral por el voto de los ciudadanos. 

En fin, la representación es poder. Tiene límites. Pero quien detenta la representación no puede ser suplantado por otros, sino hasta que viene el proceso de cambio del representante, y ese cambio es sancionado por quienes detenta esa facultad. Por ejemplo, en una elección sindical, la junta de conciliación y arbitraje correspondiente. En una elección presidencial constitucional el Tribunal da el falló final que declara quién gana la elección y la envestidura la hace el Congreso de la Unión. El límite es el falló que dicta la autoridad que designa al ganador del proceso electivo del representante. Así es en un régimen democrático. 

PÁRRAFOS: DE HASTA LUEGO 
Cuando alguien deja esperando, deja un letargo de ansiedad. Mejor tomar el silencio como un hasta luego. Entonces, se puede esperar que un día llegue el otro. La libertad es la posibilidad de que un día se vuelva a encontrar al otro. Sino, pues habrá que recordar lo que sí fue. El otro puede perderse en los mares, adentro de los monstruos de Neptuno, o simplemente, en la cotidianidad de la que no se es ya parte. Entonces, luego se vuelve una redundancia, porque dijo Descartes, “pienso, luego existo”. De ahí que sí piensa ese otro, entonces, existe fuera de ti. No está, porque simplemente no quiere. Y ahí sí, siempre habrá que atender al amigo ganadero veracruzano: “Si no puedes, no. Pero si no quieres, menos”. O como dejó enmarcado la enseñanza paterna: “Hay quien dé, pero no quien ruegue”. Así que los que no están: hasta luego.

lecturas_eldebate@yahoo.com

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