Opinión

De segundo y cuarto

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

En 2020 Sinaloa entra a acompañar el segundo año de la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador y el cuarto del gobernador Quirino Ordaz Coppel. Caben resaltar dos elementos de la esfera política local frente a la nacional: Primero, la cohabitación entre Ejecutivo y Legislativo local ha sido de continuidad institucional. Con diferendos dentro del margen de la expresión de la misma cohabitación de fuerzas políticas emanadas de partidos diferentes. La gobernabilidad y continuidad de la vida institucional en Sinaloa no es poca cosa dado el hecho de un ejercicio de diferencias en la representación política inédito en el ámbito local: gobernador y mayoría en el Congreso de partidos diferentes. Cabe destacar el entendimiento del titular del Ejecutivo como de los cuarenta legisladores locales como representantes de todos los sinaloenses, más allá de fronteras partidistas. Esto debe recalcarse y servir de base para el análisis de lo que será el 2020 en Sinaloa. 

El segundo punto a resaltar es la relación de lo nacional con lo local: El presidente López Obrador con los gobernadores. Durante este primero año del gobierno federal, más allá de las tendencias centralistas en algunos aspectos, no ha habido intromisiones del presidente en la autonomía de los gobierno de los estados, sin distingo de origen partidista del gobernador. Durante el régimen autoritario mexicano la costumbre de destituir gobernadores era una facultad meta constitucional del presidente, toda vez que contaba con mayoría en las Cámaras del Congreso de la Unión y de los Congresos locales. El grado máximo lo alcanzó el sexenio de Carlos Salinas de Gortari en la salida de gobernadores antes de acabar sus mandatos: “A unos porque los invitó al gabinete, y a otros porque los destituyó, el hecho es que durante en su sexenio 19 mandatarios estatales no terminaron su sexenio. Tan sólo en los dos primeros meses de su ejercicio fueron destituidos de su cargo los gobernadores Xicoténcatl Leyva de Baja California, y Guillermo Cossío Vidaurry (Reporte Índigo 01/Oct/2012). 

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DE GOBERNABILIDAD Y CONTINUIDAD 
A un año de la Presidencia de Andres Manuel López Obrador, contando con mayoría en las dos Cámaras del Legislativo federal (la construcción en el Senado se ha logrado inclusive para reformas constitucionales), en ningún momento ha habido un gobernador, sin importar su origen partidista, que haya sido siquiera puesto ante la posibilidad de que se le inicie un juicio político para intentar su destitución. A un año de gobierno del presidente López Obrador este elemento debe de destacarse: hay continuidad en la gobernabilidad y respeto irrestricto a la autonomía de las entidades federativas. Ningún gobernador ha sido destituido. Muy diferente a lo ocurrido en el sexenio de Salinas de Gortari, dónde 19 gobernadores (más del 60% del total del país), dejaron de serlo por orden política del Presidente. En este sentido, la gobernabilidad en el país no se ha visto trastocada por la cohabitación del presidente de la República con gobernadores de militancia del PRI, PAN u otra formación político partidista. Diferendos los ha habido. Pero los consensos han sido, con mucho, no sólo mayores, sino lo que ha sido la representación política en el país. 
En el caso particular de Sinaloa, la relación entre el mandatario federal y estatal se ha mantenido en las mejoras formas políticas. Y, como dijo don Jesús Reyes Heroles: “La forma es fondo”, y, “lo que resiste apoya”. Así que esta continuidad de la gobernabilidad federal local, y, la cohabitación entre el Congreso local y el gobernador permiten pronosticar que el 2020 puede ser un año de consolidación: Por un lado, de lo planeado por el gobernador Ordaz Coppel. Y, por el otro, de los proyecto del gobierno federal del presidente López Obrador. Agoreros del desastre y la confrontación pueden ser corifeos del desencuentro y la confrontación. Sin duda el análisis político debe considerar matrices de riesgo con elementos como los siguientes: situaciones presupuestales restrictivas, antesalas de procesos políticos (relevos en las dirigencias partidistas y creación de nuevos partidos nacionales, por ejemplo), variables económicas internacionales, elecciones presidenciales en los USA y sus efectos en las relaciones bilaterales. En fin, como balance del primer año de gobierno del presidente López Obrador, lo local ha tenido de la autoridad federal respeto institucional y constitucional. Y, sobre todo, no se han ejercido, ni manifestado en la esfera política institucional, tentaciones de regresión autoritaria. 

PÁRRAFOS: DE RETO 2020
En Sinaloa quizá el mayor reto será el presupuestal para el Gobierno del Estado. El presupuesto en términos reales (descontando inflación) viene menor al de 2019. Tendrá que ser soportado por tres posibles alternativas: racionalidad administrativa, recaudación fiscal estatal o concurrencia a líneas de crédito. Habrá que estar atentos al análisis de la aprobación final del presupuesto por parte del Congreso del Estado. Otro aspecto importante será el de las relaciones de las esferas federales con las locales, en los diversos sectores de la administración pública. Ya para los titulares de las secretarias como de los grandes organismos públicos el segundo año del gobierno federal habrá un conocimiento más amplio de los diversos aspectos de la función pública. Finalmente, la meta de noviembre con la elección presidencial de los USA va ser un constante referente para lo local, sobre todo en lo que respecta al tema de las organizaciones del crimen organizado en México (notablemente los cárteles del narcotráfico).

Rigoberto Ocampo Alcántar

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