Opinión

De tragedia cultural y los idiotas

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo

El ruido de los tontos e idiotas es increíblemente fuerte. Ensordecedor. Son los tontos del pueblo, la legión de idiotas, dixit Umberto Eco. Es su estupidez supina, asnal. Los comentarios en las redes sociales, por la tragedia del incendio en la Catedral de Notre Dame (la catedral de la arquidiócesis de París, capital de Francia), fueron una muestra de lo que eso significa. Como bien declaró Eco: antes era en la cantina del pueblo, hoy, cobran carta de naturalización en las redes, y se expresan, con la misma libertad que el borracho en la cantina, pero con auto suficiencia que pretende ser ilustrada e informada. La Catedral de Notre Dame es una iglesia que se volvió un monumento del arte producido por el ser humano. La historia pasa por ahí. Muchos mexicanos avecindados en París, o de visita, les ha tocado conocer esa iglesia, y, algunos frecuentarla porque hay una pequeña capilla de la Virgen de Guadalupe. El lunes en la tarde se incendió esa histórica, icónica, obra de arte, Catedral de Notre Dame.

DE UN AMIGO ERUDITO EN PARÍS 
En París, ese lunes, un amigo erudito estaba del otro lado del Sena. Está en una estancia de investigación adscrito a L’Institut d’Études Politiques de Paris (IEP de Paris) y vive en una residencia de profesores en el barrio de Saint Germain des Près. Desde allá vio pasar el tsunami electoral de 2018. Desde allá ha visto los primeros pasos del gobierno del Presidente López Obrador. Muy frecuentemente, alarmado, se le tiene que recordar a Michels y Marx. Simple y sencillamente lo inexorable de las leyes de las ciencias políticas. Nada más eso. En plena mañana del lunes pasado, a las 11:18am, me llegó su foto del incendio de Notre Dame. No podía creerlo. No fue necesario leer las noticias, las redes sociales, a través del amigo erudito llegaban las imágenes de esa tragedia cultural. Más tarde, algunos medios internacionales, retomaron sus fotos. Me autorizó a compartirla en este espacio en EL DEBATE:

Le solicité que en respuesta a las legiones de idiotas enviará una nota sobre ese monumento de la histórica universal. Van sus palabras:

“¿Por qué Notre Dame? Habría que hacer un tratado entero para dar una respuesta aproximada. Para decirlo muy rápidamente, la historia misma de París y de Francia se confunden con ella, basta pensar en la obra de Víctor Hugo. Por lo demás, no sólo hace referencia a un pueblo que supo conjugar un lugar sagrado con un entorno magnifico: una isla situada justo en un “giro” del río.

Como se habrán visto en las fotos en los periódicos, la iglesia es bella, inmensamente bella desde muchas perspectivas. Desde el punto de vista histórico, representa el surgimiento del arte gótico, sobre todo en un aspecto totalmente ajeno a nuestra época. Me refiero al hecho de que luego del año mil Europa recuperó, luego de siglos de épocas oscuras, el placer por la luz, por los reflejos, por las texturas de las piedras, el deseo de ver a lo alto. Dios es color. Pero también se recobró el placer de la experiencia sensible, el placer de vivir. Luego del terror apocalíptico del año 1000, en Europa volvió la confianza. El mundo, el universo parecía de nuevo un todo armónico. Un todo con sentido. Que muchos no entiendan esto sólo habla de nuestra propia barbarie” (Juan Cristóbal Cruz Revueltas).

Ayer, se preguntaba desde el otro lado del Río Sena, en Saint Germain des Près, el amigo erudito: ¿Estamos a la puerta de una nueva época de barbarie, de obscuridad, de control absoluto y autoritario de los pastores de la legión de los idiotas? Afortunadamente para él, lo hace desde una terraza del histórico Café Deux Magots. Ahí donde se vio a Kundera departiendo en su seminario con alumnos a fines de los ochenta. Ahí donde pontificaba Sartre seguido por Simone de Beauvoir.

Ayer también escribió sus líneas para Lecturas en una mesa del mismo café. Al lado, en otra mesa, estaba el actor de teatro y cine francés Nicolas Bedos con una hermosa mujer. Seguramente, recordándole para que no lo olvide, ella, que el amor dura tres años. Cómo lo expuso Frédéric Beigbeder en su libro de 1997, que el autor hizo película en 2011, y participó como actor el mismo Nicolas Bedos.

PÁRRAFOS: DE OTOÑO DE 1986
Era el otoño de ese año. Se aterrizó en París. Después de unas vueltas por Barcelona, Madrid y Francia, se llegó a París de nuevo. Ahí en el atrio de la Catedral de Notre Dame, sentado viendo la Sena, venía e iban los sentimientos de desesperación y ansiedad. Definitivamente, ese otoño de 1986, aún no era el momento para iniciar el viaje académico a Europa. Tuvieron que pasar aún otros dos años para lograr aterrizar en París, en el otoño de 1988, para iniciar el Doctorado en la Université de la Sorbonne.

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