Opinión

De una reclusa

LECTURAS

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

Ayer hubo dos noticias que resaltaron en el espectro político nacional. La primera fue cuando un juez federal privó de su libertad a la dos veces secretaria de Estado con el presidente Peña Nieto y expresidenta del PRD: “Un juez federal vinculó a proceso a Rosario Robles por ejercicio indebido del servicio público y le impuso la medida de prisión preventiva justificada que deberá cumplir en el penal de Santa Martha”. Con esto es la primera funcionaria de primer nivel de este expresidente que es encerrada en una cárcel. Otro, el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, ha tenido órdenes de aprehensión, pero no se ha logrado localizarlo. La detención de Robles va a poner intranquilos a muchos exfuncionarios del gobierno anterior. Por otro lado, cabe señalar que se da justo a un par de días en que el PRI llevó a cabo la elección de su nueva dirigencia nacional. 

DE TRES VICEPRESIDENTES
La otra noticia fue la foto de dos exsecretarios de Hacienda saliendo de Palacio Nacional, José Antonio Meade y José Antonio González Anaya. Cabe mencionar que además, el segundo fue también director de Pemex, precisamente a la salida de Emilio Lozoya. Según transcendió en la prensa los dos exsecretarios tuvieron un desayuno con el actual secretario de hacienda, Arturo Herrera. Igual trascendió que el actual no confirmó la versión. Incluso los medios recogieron el comentario irónico del secretario Herrera: “Seguramente han de haber venido a platicar entre ellos”. 

Ante esta respuesta queda una: Quizá, sólo quizá, en efecto, los tres personajes, los dos últimos exsecretarios de Hacienda del gobierno de Peña Nieto hayan ido a platicar y visitado el salón Tesorería de Palacio Nacional, para ver dónde colgarán sus retratos. En este supuesto, sólo faltaría el de Carlos Urzúa, pero igual estaba ocupado preparando sus clases de profesor de economía para el semestre que pronto empezará. Igual, quizá, sólo quizá, por ahí en ese salón se encontraron y platicaron los dos ex’s con el actual secretario de Hacienda. Cosas de tener precisión en el lugar en dónde van a poner los tres próximos cuadros de la galería de más de 100 personajes de la vida nacional que han tenido ese cargo desde que México es una nación independiente. Cosas de los hombres que han sido y son los vicepresidentes de México (Lecturas, EL DEBATE, 22/05/2019 y 10/07/2018).

Mientras, en otro lado de la Ciudad de México, entidad que hace unos años gobernó, otra exsecretaria de Estado del gobierno de Peña Nieto se encontraba tras las rejas y en arresto. Lejos, muy lejos, están los que le dijeron “no te preocupes Rosario…” y que entregaban tarjetas Monex y Soriana en 2012. Eso sí, en 2018, no hubo ni estudios en universidades, ni tarjetas. También, el candidato presidencial del PRI perdió la elección. Por cierto, también uno de los dos exsecretarios que desayunaron o andaban viendo, con precisión, el lugar de su retrato en el salón Tesorería de Palacio Nacional, fue el excandidato presidencial que perdió en 2018. De nuevo, quizá, sólo quizá, pura búsqueda de precisión.

PÁRRAFOS: DE MENSAJES, BUFONES Y ABURRIMIENTO 
La definición de un mensaje debe ser precisa. No debe dejar lugar a malentendidos. Los personajes de una obra pueden volver una epopeya en tragedia. Los bufones tienen siempre ese rol. Los que son bufones deben tener la rienda corta. O en un delirio de grandeza pueden echar por la borda a todo un reino. El bufón no es un payaso, no. Es una persona que intriga y aprovecha su deformidad para vengarse de los otros, puede hasta destruir a su propio amo. O bien, son utilizados para llevar la intriga del Rey a sus enemigos, que congraciados de la desgracia natural del bufón, le otorgan su confianza. La única salida, para ambos bandos, es hacer explícito el mensaje. Entender. Nada más. Así pasa, también, cuando a una amiga se le pregunta en la soledad de la noche: ¿Te puedo marcar? Y, responde: “En la calle”. Y muy acomedida, pregunta: “¿Te pasa algo?”. La respuesta debe ser concreta y explícita: “Sí. Estoy aburrido. Y estoy dispuesto a compartir inteligencia, bienestar y honestidad a cambio de aliviar lo que me pasa”. Así. Directo. Para no dejar lugar a pensar que uno le quiere pedir regalado o prestado algo.