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Opinión

De una vieja discusión

LECTURAS

Por Rigoberto Ocampo Alcántar

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Un amigo priista preguntó sobre partidos políticos. Se le dio la referencia de quien descubrió la ley de hierro de la oligarquía de los partidos políticos y una pequeña reseña histórica. Este año hubo en México una elección federal intermedia y elecciones locales de gobernador en 15 entidades federativas. La esfera de la acción de los partidos políticos está en proceso de recomposición, como después de cada elección. Por eso es una ley sociológica. Punto. Van unas notas, de diversas publicaciones, para aportar a esa discusión hoy en Sinaloa y México.

DE LAS MASAS Y MANIPULACIÓN

Según el politólogo alemán Roberto Michels (Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna. Amorrortu editores. Buenos Aires, 1969) expone dos características de la participación popular: por un lado, la fascinación de las masas frente a la elocuencia de los hombres políticos, y por el otro, la facilidad de las manipulaciones políticas en vista de controlar el poder, habida cuenta de la dificultad de establecer un debate general. Aunada a estos dos elementos, R. Michels sostiene lo siguiente: “La multitud anula (acaba-aniquila) al individuo y con él su personalidad y su sentimiento de responsabilidad”. Es decir, la masa, el pueblo, o, si se quiere, la voluntad popular, está destinada a verse “representada” por un grupo de dirigentes que le procurará sus necesidades comunes. Y, por consecuencia, este grupo dirigente, se va a apropiar del Estado, en vista de procurar a la sociedad los satisfactores que ella demanda. La legitimidad de un grupo o clase dirigente va a establecerse entonces, entre otros elementos, en función de su capacidad de satisfacer las necesidades de una sociedad en el dominio social, político y económico.

Entonces, se puede concluir que los regímenes llamados democráticos son la representación de una actividad estatal eficaz. Podemos responder afirmativamente a condición que se presenten dos condiciones: la libertad y la igualdad en el conjunto de los miembros de la sociedad.

DE “QUIEN DICE ORGANIZACIÓN, DICE OLIGARQUÍA”

Según Michels: “La organización es el origen de la dominación. La dominación de los electos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los que delegan. Quien dice organización dice oligarquía.” (Michels, 1969: p. 189). Dicho de otra forma, la naturaleza asociativa de la constitución de la agenda social, la cual correspondería una expresión de la ciudadanía, favorece a una relación un tanto imaginaria entre élites y bases sociales. Se habla de un sentido imaginario de esta relación puesto que la propia dinámica de la organización hace que las élites se diversifiquen y surja una competitividad por el apoyo de las bases sociales.

Las élites compiten por el apoyo de las bases en un proceso que tiene tres niveles. Primero, estos grupos tienen que escoger de entre múltiples temas sobre problemas sociales los que correspondan a una mayor relevancia para sus potenciales adeptos. Segundo, la selección les dará material para que estos grupos puedan enfrentar con éxito sus discursos políticos y reducir de mayor manera la complejidad cultural. Tercero, la necesidad de que las élites afiancen sus respectivos vínculos de comunicación con sus públicos. En la medida en que estos tres niveles de la competencia elitista conecten con sus bases sociales se puede hablar de un proceso de credibilidad y legitimidad de parte de los primeros hacia los segundos.

PÁRRAFOS: DE POSIBILIDAD DE ALTERNANCIA Y LIBERTAD

En este sentido, siguiendo a Michels cuando concluye, a contrario sensu,  de su tesis de la tendencia a la oligarquía en toda organización social y por tanto en el sistema de partidos políticos, la necesidad de un régimen  democrático que asegure dos principios esenciales: “1) La tendencia ideológica de la democracia hacia la crítica y la fiscalización. 2) La tendencia opuesta efectiva de la democracia hacia la creación de partidos cada vez más complejos y diferenciados; es decir, cada vez más basados sobre la competencia de los menos” (Michels, 1969: 194), se puede sostener, a partir de esta definición de democracia, estas dos categorías mencionadas arriba son indispensables: LA POSIBILIDAD DE ALTERNANCIA Y LA LIBERTAD DEL SUFRAGIO. Lo que caracteriza la democracia como un ejercicio de crítica social institucionalizada.

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