Opinión

De una visita del amigo del Capitán Alatriste

LECTURAS 

Por  Rigoberto Ocampo Alcántar

En medio de la cotidiana actividad administrativa gubernamental llega puntual a la cita el amigo culichi del Capitán Alatriste. Quizá al visitante le hubiera gustado ser asociado en amistad a Lucas de Corso, el “mercenario bibliófilo” o Julia “la anticuaria”. Pero con la licencia que él mismo se toma, se decide hacerlo amigo del Capitán Alatriste. Este amigo culichi aceptó la invitación para platicar y presentarle un proyecto. Llegó puntual a la cita. Empezó la charla y en lo que se decidía entrar en materia hubo oportunidad de ir haciendo un juego de esgrima. Entonces, se ve que quizá, tan sólo quizá, se extendió la amistad hasta tiempos de Pérez Galdós. Entonces, también es amigo de don Jaime Astarloa, y, en su habilidad esconde una estocada de los doscientos escudos.

Cuando ya se ha acercado suficiente, se le quiere dar la estocada perfecta: surge Amos Oz, con su “Caja Negra” y “No digas noche”, buscando el remate con Irving Yalom, “El día que Nietzsche lloró”.

Ahí cae, sin ser prevista, tranquilamente, la estocada perfecta del amigo del Capitán Alatriste, Batya Gur, recalcando y subrayando, “El asesinato del sábado por la mañana”. Entonces, no queda más que empezar la tarea, una que es fundamental de todo aquel que ama los libros: enseñar los libros a los otros e invitarlos a la lectura. 

DE CRUZADA POR LA LECTURA EN SINALOA
Este es un programa que ha desarrollado en la Sepyc el escritor Élmer Mendoza, a través de sus actividades como miembro del Colegio de Sinaloa. Se le presentó el proyecto de que este programa tenga una derivación, en este nuevo ciclo escolar, hacia las escuelas normales de Sinaloa. Se buscará que todos los alumnos y profesores de las tres normales del Estado tengan una serie de talleres en dónde se promueva el hábito de la lectura entre esos formadores de docentes y esos alumnos que mañana serán las maestras y maestros de todos los niños de Sinaloa. Una de las metas será que cada alumno y profesor tenga y lea cinco libros durante el seguimiento del taller. Durante la reunión, Élmer Mendoza dice una frase que cala hondo, después de más de veinte años de profesor: “Que los profesores y alumnos de las escuelas normales del Estado tengan en este programa libros de verdad, de papel y pastas”. La propuesta es abrazada de inmediato. Esto es quizá, una de las grandes oportunidades que da el servicio público, más allá del aula o el escritorio de investigador: promover la lectura de libros, de pasta y hojas de papel. La oportunidad ha sido apoyada sin limitaciones por otro amigo de los libros, el secretario de Educación Pública y Cultura, Juan Alfonso Mejía López, una de sus últimas estocadas fue Saul Bellow con “Mueren más por desamor”. Enmarca, este esfuerzo en Sinaloa, el director general de educación superior para profesionales de la educación de la SEP, Mario Chavez Campos, que no descansa de buscar sus amigos entre autores jóvenes de novela mexicana y latinoamericana. Ahí iremos caminando los cuatro en la tierra de, ahora sí, “Puro Sinaloa”. Sin dejar de insistir a esos jóvenes alumnos normalistas que hay que leer libros. Mañana serán las maestras y maestros de los niños, niñas y jóvenes sinaloenses.

PÁRRAFOS: DE CLASE
Van unas líneas publicadas en EL DEBATE en el ya lejano enero de 2005. En recuerdo al visitante, amigo del Capitán Alatriste: “Es viernes en la noche. Son las 21 horas. La clase lleva ya media hora, está adelantada. Revisión de la lectura de Maurice Duverger, “Métodos de las ciencias sociales”. Algunos alumnos no esconden que no hicieron la tarea, no leyeron la parte del capítulo correspondiente. En este semestre van a leer este libro y el Manual de Garza Mercado. Regla fundamental en la carrera de docente: al menos dos libros completos por semestre deben de leer los alumnos. Aunque se vayan yendo de 30 y 40 cuartillas por clase. Al final, se quedan con la satisfacción de terminar dos libros completos. Nada de sólo leer fotocopias de un capítulo. Dos libros completos…Va ya media hora de clase y de repente se oyen estruendos hasta el salón: gritos y fanfarrias llegan del estadio de béisbol. Los Venados están en el último juego de la serie final del campeonato 2004-2005. A pesar del espectáculo está la gran mayoría de los alumnos, atentos a la revisión de la lectura…Poco a poco se trata de llenar deficiencias. Gradualmente insistir en la importancia de leer. Descubrir el idioma propio. Recrearlo. Mientras en el estadio siguen los gritos.

A las 22 horas dicen los alumnos no llegar al último camión y se pregunta si en la madrugada, después del antro, ahí si hay camiones. El recurso sólo alcanza para una decena de minutos más de clase…Termina la clase con la reiteración: lean el capítulo que toca para la próxima sesión, aunque sea viernes y haya ganado quien sea en el beisbol. Queda la satisfacción que los compañeros alumnos están haciendo su parte. Del fin del día. Cansado físicamente y con la garganta irritada de hablar más de hora y media, sólo queda ir a cenar…un buen día. En la mañana, revisar asuntos de trabajo en Culiacán. A mediodía, salida a Mazatlán. En el camino y hasta las 3 de la tarde, revisar el proyecto de investigación sobre representación política. Después, a correr olas en Cerritos, comer camarones y langosta, mientras se vieron las ballenas. En la noche, la clase, alumnos dedicados discutiendo a Duverger…fue un buen día. Sólo falto una relación en serio de 45 minutos, pero en ese campo las cosas están, por el momento complicadas, o mejor, como siempre complicadas. Total, el día llegó a su fin y fue bueno. Atrás queda ansiedad y desesperación. Hasta pareces sardina, nada nada pescadito, diría un personaje de Élmer Mendoza”.

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