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Ritmo macabro

NUESTRA OPINIÓN ESTATAL

Amén de los cientos que se han cometido a lo largo de este sexenio, en menos de 48 horas, 15 asesinatos son muchos, pese a que sus oscuras causas, como presumen en círculos de gobierno por las características de las vestimentas de las víctimas, estén vinculadas al truculento imperio del narcotráfico.

No son los de San Ignacio, los primeros crímenes múltiples que se perpetran, pues lo mismo ha ocurrido en los aledaños del sur, como igual en el resto de las demarcaciones sinaloenses y que seguramente, a cómo pintan las cosas, tampoco serán los últimos acontecimientos de tal tipo.

Tantos y tan frecuentes baños de sangre a lo largo y ancho de un territorio marcado por la violencia, a veces "en paquete", a veces a "cuentagotas", horrorizan y a veces, hacen recuperar a la sociedad su capacidad de asombro ya perdida entre el tiradero de cadáveres y montón de cruces que se han dejado regadas.

El terrífico cuanto mortal y sostenido ritmo de ejecuciones que suceden lo mismo en el sur, como en el centro y norte de la entidad, coloca a Sinaloa sobre los límites de la barbarie.

Ahora bien, para los sinaloenses del centro y norte, a los que no le son desconocidas estas brutalidades de la violencia sistemática que asola, vuelven a percibir que hechos aciagos como los de San Ignacio, pudieran salpicar la tenue tranquilidad y por lo tanto, no se sienten a salvo de esa rampante inseguridad que lacera las fibras más profundas de la ciudadanía.

Hasta lo que se presiente, el narcotráfico o cualquier otra actividad de grupos delictuosos han cubierto la mayor parte del territorio, alcanzándole su hedor.

En ese sentido, se tiene que decir que si no hay, cómo es tan visible hasta la fecha, quien intente al menos controlar a límites tolerables las sanguinarias actividades del crimen, Sinaloa lo va a lamentar para siempre.

Entonces, mientras los hampones de toda laya que mantienen como rehén a buena parte de la sociedad no sientan el rigor de la ley, no se necesita ser adivino para concluir que hay que perder la esperanza de que Sinaloa recobre la tranquilidad y la paz.