Opinión

¿Por qué renuncié al PAN? (Segunda y última parte)

EN MARCHA

Por  Roberto Cruz

Durante mi trabajo como diputado hubo muchas causas que acompañamos, pero hay dos que en lo personal que me hacen sentir que valió la pena: la lucha contra la impunidad y la corrupción del Gobierno estatal, donde gracias a la presión ciudadana por primera vez logramos votar en contra las cuentas públicas de un exgobernador (Malova) y la lucha mas importante de mi trabajo, que fue rescatar los uniformes escolares gratuitos que por ley le correspondían a 600 mil niños y adolescentes de las escuelas públicas de Sinaloa, donde organizamos un amparo masivo gratuito de más de 8 mil familias y, gracias a la ciudadanía que se resistió, logramos que el Gobierno estatal diera marcha atrás a esa decisión cruel y les regresó sus uniformes a las niñas y niños más necesitados económicamente de todo Sinaloa.

Con este intenso trabajo en el Congreso para defender a las familias de Sinaloa, llegamos al 2018.

En las encuestas yo destacaba por 27 puntos arriba de mi más cercano competidor para diputado federal en Ahome, quien, por cierto, venía de perder ese segundo distrito por paliza en la elección anterior, justo al terminar de ser alcalde señalado por corrupción con varias casas y propiedades cuya procedencia no pudo explicar.

Por el contrario, yo hice un llamado ciudadano para buscar a mi suplente en un esfuerzo de acercar al PAN con la ciudadanía. El llamado lo hice por Facebook y acudieron 22 aspirantes ciudadanos, y aunque finalmente solo pudieron ser dos suplentes (uno de mayoría y otro de representación proporcional) casi todos los otros 20 fuimos juntos a registrarnos desde Los Mochis hasta el PAN estatal en Culiacán para acompañarnos en el registro con mis suplentes: el exbeisbolista de Grandes Ligas Luis Ignacio “Chikote” Ayala y el boxeador cinco veces campeón del mundo Fernando “Kochulito” Montiel; ambos líderes deportistas muy queridos en el municipio y en todo Sinaloa con un enorme reconocimiento a nivel mundial; sin duda, dos sinaloenses ejemplares. Ricardo Anaya me felicitó ampliamente en un viaje que hicimos de la Ciudad de México a Mazatlán, por la “idea brillante” de incluir a la ciudadanía en mi fórmula, sin embargo, al final le ganó su perversidad y traicionó esa esperanza del reencuentro entre militancia y ciudadanía. No me extrañó que en Ahome y en Sinaloa el PAN quedara en último lugar, es una triste historia, pero sin duda la culpa no es ni de la “militancia de a pie”, ni mucho menos de la ciudadanía que añoraba esa esperanza.

Al terminar la elección de 2018, y todavía como diputado, señalé con nombre, apellido y documentos con sus respectivas ligas de internet a los 12 traidores, capos de la mafia panista estatal y nacional. Los 12 quedaron fichados en una fotografía el 23 de julio de 2018 y cualquiera los puede buscar en Google tan solo tecleando “los 12 traidores del PAN” para consultar los nombres y sus fechorías registradas en cada link de esa denuncia.

Durante los meses siguientes de agosto y septiembre el PAN, en su alianza con el PRI, conformaron el PRIAN en el Congreso para votar la llamada “ley anti-Morena”, la cual, entre otras perversidades, implicaba que el PAN proponía que el PRI manejara los 400 millones de pesos del Congreso en la próxima legislatura, es decir, que a toro pasado, ya sabiendo que habían perdido y que ahora Morena sería mayoría en el Congreso, querían quitarle esas facultades que por derecho de ley les correspondían. No se trataba de votar en contra del PRIAN, ni a favor de Morena; se trataba de defender la voluntad del pueblo de Sinaloa, donde abrumadoramente votaron en contra del PRI y del PAN y le dieron su confianza a otro partido que es Morena. Mi defensa de la “ley anti-Morena” fue para respetar el voto democrático de la ciudadanía, y finalmente ganamos, ya que el PRIAN obtuvo solo 26 de los 27 votos que necesitaban para consolidar su fechoría. Algunos dirán que un solo voto fue la diferencia, yo creo que fue la justicia y la resistencia ciudadana la que hizo toda la diferencia.

En conclusión, por su corrupción, su perversidad, su complicidad con el PRI, sus decisiones de cúpula antidemocráticas donde nos cerraron las puertas en las cuatro ocasiones que ya describí en esta carta de renuncia, en septiembre de 2018 anuncié públicamente mi renuncia definitiva del partido; y aunque en los estatutos del PAN se señala que la renuncia causa efecto con el anuncio público, para evitar posibles discrepancias jurídicas futuras, decidí redactar también esta carta de renuncia y dejar plasmados mis motivos que me obligaron a tomar esta decisión con carácter definitivo e irrevocable. Me fui del PAN con sentimientos encontrados, por un lado me duele retirarme por que en gran parte esa era la muerte de la esperanza de militantes gigantes como doña Rafaelita en la Reforma; de Genaro, Eddie y Francisco de Culiacán; de Toño en San Ignacio, de don Ramón en Navolato, Panchito en Sinaloa, don Vicente en Guasave, de la Menchaca en Los Mochis, Hortencia y Felipa en Mazatlán, y muchísimos más que incluso ya no militan en el PAN en su mayoría. Y a muchos miles de nombres que no menciono por falta de espacio, a quienes les dedico la más honesta y sentida de mis disculpas. A todos los militantes “de a pie”, como nos decíamos como muestra de cariño y camaradería, les reitero todo mi agradecimiento y les digo que no están solos y que ahora, desde la trinchera de la resistencia ciudadana, los seguiré apoyando para que, unidos, empecemos a escribir una nueva historia para las familias de Culiacán y de todo Sinaloa. Les pido mantener viva la esperanza.

Lo más grande y noble del PAN estaba en su militancia y en sus simpatizantes ciudadanos, pero ahora hay otros caminos fuera de los partidos políticos. Así que a toda esa bola de políticos del sistema y del poder en Sinaloa les dejo un mensaje: “Va a haber Güero Cruz pa rato”, puedo renunciar al PAN, pero jamás voy a renunciar a trabajar a favor de las familias de Sinaloa, para que nuestra niñez y juventud tengan una educación digna y que las nuevas generaciones de sinaloenses logren vivir en paz, en un lugar mas próspero y feliz. Ese es mi deseo para Sinaloa, y seguiré trabajando diariamente para hacerlo realidad, mientras Dios me preste vida y salud.

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