Opinión

Rodolfo Alejandro Romo y Mexía Gutiérrez

DESDE LA CONFRATERNIDAD

Por: Abelardo Reynosa Vega

"En lugar de ser un hombre de éxito, busca ser un hombre valioso; lo demás llegará naturalmente" (Albert Einstein). Guamúchil ha sido cuna de grandes hombres y mujeres que han destacado en diferentes actividades poniendo muy en alto el nombre de la ciudad que los vio nacer y de la que siempre, todos, se han sentido muy orgullosos. De Guamúchil han salido reconocidos artistas, sobresalientes deportistas, importantes políticos, famosos escritores, eficientes servidores públicos, distinguidos profesionistas, que como lo señala Arturo Avendaño Gutiérrez en su libro Forjadores de Guamúchil, algunos no fueron incluidos por falta de información y en otros casos por haber realizado su carrera profesional fuera de su terruño y no por carecer de los merecimientos para ello. El pasado viernes 15 de agosto asistí en la Ciudad de México a la comida anual del Día del Egresado Politécnico, que se llevó a cabo en el emblemático cuadrilátero del recordado Casco de Santo Tomás, instalaciones originales del Instituto Politécnico Nacional, fundado en el año de 1936 por el insigne sinaloense Ing. Juan de Dios Bátiz Paredes. Ahí tuve la oportunidad de saludar a mi gran amigo y guamuchilense Rodolfo Alejandro Romo Mexía Gutiérrez, ingeniero bioquímico de profesión con especialidad en el área de tecnología de alimentos, que becado por el Conacyt realizó en el Japan International Cooperation Agency (JICA) de Kobe, Japón, además de contar con una maestría en administración pública del Instituto de Estudios Superiores en Administración Pública. Alejandro ha dedicado la mayor parte de su vida profesional a la investigación, la docencia y la administración dentro de la estructura orgánica del Instituto Politécnico Nacional, en donde se ha desempeñado como director general de Deportes en dos administraciones y actualmente como jefe de la División de Programas en Ambientes Virtuales, con la responsabilidad de fortalecer, consolidar e incrementar la oferta de posgrado en las modalidades no escolarizada y mixta, haciendo uso de los ambientes virtuales y los entornos sociales de aprendizaje. Fue coordinador de asesores de la Subsecretaría de Educación e Investigación Tecnológica de la Secretaría de Educación Pública, y hace algunos años coordinador en el estado de Sinaloa de la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial, también de la SEP. De 1974 a 1992 se desempeñó como catedrático, jefe de laboratorio, subjefe del departamento de servicio social, jefe del departamento de recursos humanos, subdirector administrativo y director del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (Cecyt) "Miguel Othon de Mendizábal" del Instituto Politécnico Nacional. Durante mi gestión como director técnico de Laboratorios Nacionales de Fomento Industrial, Alejandro Romo ocupó la jefatura del departamento de Alimentos, mostrando siempre una positiva disposición para el trabajo, amplios conocimientos en el área y experiencia en el manejo de personal, lo que le valió la obtención de excelentes resultados. En julio de 2005 Alejandro Romo recibió de la Secretaría de Educación Pública un merecido reconocimiento por 30 años de servicios prestados a favor de la administración pública federal. He aquí un ejemplo de quien como muchos guamuchilenses realizó sus estudios en la Ciudad de México con grandes carencias, pero que con esfuerzo y con una gran voluntad de superación ha logrado sobresalir y ocupar importantes posiciones, llevando con dignidad su origen guamuchilense. Sirva este relato sobre el Ing. Alejandro Romo como una lección para las nuevas generaciones que buscan el dinero fácil, que se marean al primer puesto importante, que rechazan el estudiar en escuelas públicas, o que en el peor de los casos, no quieren estudiar. El éxito es producto de la constancia, de método y de organización. No lo olviden, jóvenes.

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