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Rosa Beltrán

EL ARTE DE NOVELAR

Celebro la literatura que nos explica el ser humano, que nos aproxima a esas múltiples variaciones sobre el mismo tema que es trabajar sobre perfiles humanos como cuestión central: "dos mil trescientos cuarenta y un homínidos en plena involución," dice el personaje narrador, más la azarosa vida de Charles Darwin, "el hombre de los ojos tristes", que hizo un viaje extraordinario para explicar el origen de las especies.

Tal es el penetrante juego que desarrolla Rosa Beltrán en El cuerpo expuesto, novela publicada por Alfaguara en septiembre de 2013. Es una obra exquisita, si lo acostumbra, ese trago es perfecto, porque se encontrará con recuerdos que creía perdidos y desde luego, amará a Darwin, y comprenderá porque no enloqueció en ese viaje de cinco años que marcó su vida.

Rosa Beltrán, originaria de Tlalpan, DF, México, es dueña de una prosa que madura pero no envejece, porque es una escritora que no teme a lo desconocido y a seguir rutas discursivas que hacen sus libros diferentes. Maneja voces audibles, como proponía Ítalo Calvino, y deja que sus historias sigan una especie de derramamiento natural parecido a los arroyos suaves pero constantes que producen las lluvias perenes. En El cuerpo expuesto desarrolla dos planos que se necesitan y por lo mismo embonan como en un juego infinito de lego en una prosa incluyente donde no hay una palabra de menos o de más. Una novela es un universo; pues aquí tienen una que hermana tiempos y un espíritu de investigación de los personajes que son las líneas narrativas que también juegan al factor sorpresa. Hay un personaje narrador sin nombre como le gustaba a los del nouveau roman, un personaje que trata de demostrar que la evolución puede llegar a un punto que se convierte en involución. Colecciona casos que da a conocer en un programa de radio de alto rating y después a través de un portal de internet con miles de visitas. Esta parte es dura, produce ansiedad, sobre todo porque el mundo posible que plantea la autora está a la vista. Quizá usted conoce casos como el de esa mujer que teme a todo, que no puede estar sola, perdida en la repostería y las conversaciones con el chofer. Lo hará pensar, sin duda, porque como dice Beltrán, "el sensato analiza, el ignorante compara". La parte de Charles Darwin es tierna; está Emma, su esposa, como un poderoso dinamo que lo ayudó a sobrellevar las voces adversas de los retrógradas que no quisieron entender el contenido de su libro El origen de las especies, como el obispo Sammy, el jabonoso; está su hija Anna, que fallece, víctima de una enfermedad que aún era incurable a mediados del siglo 19; y está él que es un milagro en sí mismo. Cinco años en el Beagle, discutiendo con el capitán Fitzroy, soportando tormentas, recolectando muestras y enfrentando lo desconocido, son una prueba indiscutible para una pasión.

Hay humor negro en la novela: "¿Han visto excursiones de cojos?" Los cojos no están organizados como los ciegos, pero ahí están y sufren; se narra el caso de un homínido que entrena a su mujer para cuando él falte y deba ganarse la vida de alguna manera: practica ser ciega y sorda. Al Beagle "lo apodaban ataúd por su tendencia a irse a pique", hablando de Darwin: "¿Creen que en el caso de la recopilación de moluscos estuvo muy atento a respetar la veda?" Pregunta el estudioso del "padre de la biología" a todos muchos años después, en especial a la Sociedad Protectora de Animales, él que tan bien conoce el poder destructivo de los homínidos, "si la fe mueve montañas, la culpa hace que te caigan encima." Remata sin el menor pudor.

Se encuentran frases de las que se piensan más de una vez. Recuerden que sugerí no olvidar el trago cerca de la mano. Lo siento, pero hay libros que deben leerse así. "Nada más invisible que el espejo en que nos miramos todos los días", "las palabras son siempre la experiencia de alguien más". Dada la situación que vive el mundo actualmente, la siguiente les va a encantar: "Los hombres verdaderos no deberían perdonar a los débiles". "Es muy malo para la salud trabajar demasiado", es un asunto que se olvida hasta que el cuerpo grita. Estas expresiones, son las que hermanan a una escritora con sus lectores.

Los novelistas siempre estamos pensando en escribir libros imprescindibles. Se nos secan los ojos y la garganta en ese empeño, negociamos con el príncipe y con el pirata para tener un día más de gracia, apagamos fuegos eternos y castramos demonios al amanecer, para ganar tiempo. Damos todo. Esta novela pertenece a ese grupo, que la disfruten.