Opinión

Antes, el uno de septiembre era elDía del Presidente

HISTORIAS Y AVENTURAS…

Por  Rosario Oropeza

Todo es incierto en estos momentos, la vida parece estar neutralizada, nada brilla, todo se ve opaco; persiste la pandemia del COVID-19.

Cómo han cambiado las cosas y golpes que da la vida, dice la letra de una canción, y así ocurre también en la política mexicana. Hoy es primero de septiembre, en el pasado inmediato, este era considerado festejo nacional, le decíamos el Día del Presidente.

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Esta ocasión obligaba, por la Constitución, para que desde la más alta tribuna del Congreso de la Unión el presidente de la República en turno informara al pueblo del estado que guardaba la Administración pública federal.

Se paralizaba toda actividad en el país, no había clases ni trabajo, todo se centraba en el informe presidencial, y era casi obligación estar pendientes de la televisión o la radio, de cada palabra que salía de boca del mandatario de la nación.

Desde muy temprano la atención se enfocaba a la residencia oficial de Los Pinos, donde los reporteros reseñaban hasta qué había desayunado el presidente y su familia, luego lo seguían en caravana hasta el Congreso de la Unión y, tras el informe, un desfile colorido por las principales avenidas y calzadas de la Ciudad de México en un vehículo descubierto.

Hoy, Andrés Manuel López emitirá un mensaje desde Palacio Nacional, y el informe lo entregará en su representación la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, a la Cámara de Diputados.

No habrá desfile ni gritos ni porras ni comilona ni nada, solo habremos de escuchar la frase: “Me canso, ganso”… ¡Qué golpe tan duro!.

 

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