Opinión

La iguana asada, según los viejos, es afrodisiaca

HISTORIAS Y AVENTURAS…

Por  Rosario Oropeza

No se logró el objetivo de Semana Santa con saldo blanco en Sinaloa, los accidentes y homicidios fueron el lado triste del festejo.

Las iguanas siempre han sido parte de nuestra vida, las vemos por todos lados y es una especie que está protegida y cuidada por ambientalistas, pertenece al género de los sauropsidos o reptiles escamosos de la familia iguanidae que habita zonas tropicales de Centroamérica, las más comunes son la verde y la vaqueta. Recordamos que de niños viajábamos en tranvía tropical de Culiacán a colonia Emancipación, y era tradicional que vendedores se treparan a la “Prieta Chula” (nombre del tranvía) a ofrecer tamales de iguana, en el pueblo de El Salado.

Un amigo de la tercera edad nos contó que en esta Semana Santa viajó a un pueblecito cerca de Tamazula, Durango, donde pasó dos noches en una casita de adobe en la cuesta de un cerro y al pie de un arroyo.

Los del pueblo le contaron que comer iguana asada le reviviría la libido, y como hace tiempo la perdió, aceptó la invitación y se aventó una, cocinada con leña de winolo y de mauto. Después de cinco horas, ya en la cama, sintió el afrodisiaco resultado e hizo feliz a su mujer. Lo malo es que al paso de algunas horas le llegó el remordimiento, pues las iguanas están en peligro de extinción y protegidas por la autoridad federal, de modo tal que no le gustaría recomendarla, mucho menos organizar un festín de iguanas asadas para hombres de la tercera edad, pues del acto, irían al “bote”... ¡Qué golpe tan duro!